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Luna Nueva

¿Qué haremos sin agua?

Hace algunos años, cuando estudiaba primaria un día equis faltó la maestra titular de mi grupo y entró “al quite” el célebre profe Lázaro -todos lo estudiantes así lo conocíamos sin más identificación que su nombre de pila- y nos platicó lo que a los niños de 7-8 años de aquella época, que ahora somos cincuentones, nos parecía una historia de ciencia ficción. 

Nos dijo entonces que en el futuro, el agua se vendería embotellada como los refrescos y que los movimientos sociales y las guerras serían por el agua. 

Nos pareció algo totalmente improbable o algo que, si fuera verdad, no lo veríamos y no pensamos ni en hijos ni descendencia, recordemos que éramos aún niños de segundo o tercero de primaria.

Al menos para mi resultaba imposible algo semejante, pues en esa época yo iba al rancho donde nació, creció y pasó gran parte de su juventud mi mamá, y con mis tías iba a un río muy caudaloso a lavar la ropa, más bien yo iba “de cola” decía mi abuela, porque era niña citadina y si no sabía lavar en lavadora mucho menos a la orilla de un río, pero igual iba con ellas.

Recuerdo que para mí era toda una aventura -no creo que para mis tías haya sido igual, pues era una labor muy pesada-. Desde temprano todo se preparaba: la ropa, los utensilios, el detergente y el jabón en barra y si era época la calabacilla, una especie de jabón natural con la que blanqueaban la ropa. 

Todo el día era estar en el río, mis tías sabían donde habría sombra bajo los frondosos sauces y ahí acomodaban una piedra medio plana a modo de lavadero y otra que le llamaban “hincadera” y ahí se acomodaban de rodillas a lavar a la orilla del cauce.

Ellas lo hacían muy rápido, según mi perspectiva; a mi me daban alguna prenda pequeña con la que me entretenía la mayor parte del tiempo y luego, ellas la volvían a lavar, ya se imaginarán. 

Las prendas que iban terminando el proceso, se tendían en los jarales, grandes rocas, ramas de árboles y donde se podía para que se secaran al rayo del sol mientras continuaban con la labor. A cierta hora, dejaban de lavar para alimentarse, llevaban gorditas picadas con manteca y chile colorado o guisos para tacos, agua, mucha agua y en ocasiones, se las ingeniaban para llevar algún refresco.

Al terminar la jornada todas nos metíamos a nadar y a jugar un buen rato en el agua y por supuesto nos bañábamos, todo mientras el resto de la ropa se secaba. 

El río siempre iba con mucha agua y en tiempo de lluvias se desbordaba… ahí también los hombres iban a pescar y se hacían grandes fiestas con caldos y pescado frito. Era imposible que eso terminara, ni siquiera pasaba por mi mente infantil que eso pudiera pasar. 

Hace un año volví a aquellos sitios que marcaron una época feliz de mi vida, volví al río Juchipila, pero ya no tenía agua. Mi corazón se encogió y de pronto vino a mi mente la historia del profe Lázaro. 

Caminé por en medio del lecho seco y tomé una fotografía que ilustra perfectamente que ya no hay agua, no al menos como antaño.

Mis parientes dicen que aún corre en tiempo de lluvias, pero con el cambio climático las lluvias ya no son suficientes para llenarlo como antes y bueno… no siempre llueve, por eso se seca completamente.

A principio de este año, en enero, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró que el mundo ha entrado oficialmente en una era de «bancarrota hídrica global», y en su informe aclara que esta declaración no es una metáfora, “sino una auditoría técnica que revela que hemos agotado el capital natural del ciclo del agua”.

Las causas son múltiples y muy conocidas por todos: el desperdicio, la sobrexplotación y contaminación del agua que superaron la reposición natural.

Menciona, entre otras cosas, que la industria de los refrescos y alimentos, la de la moda y texiles, la agricultura, la ganadería, la minería, la fabricación de microchips y electrónica en general «colaboran» con el agotamiento del agua.

“Uno de los problemas más evidentes de esta bancarrota es la sequía antropogénica, a diferencia de las sequías causadas por variaciones climáticas cíclicas, la quiebra actual es impulsada por la mala gestión, el consumo excesivo y la degradación ecológica, originada primordialmente por el sector mercantil y los monopolios”, dice el informe de la ONU.

Por ello llama a los líderes mundiales a dejar de tratar el agua como un recurso infinito y empezar a valorarlo como el capital natural más escaso y esencial para la vida del planeta. 

A lo largo de mi vida he sido testigo de muchos acontecimientos que han marcado a la humanidad, pero jamás siquiera imaginé que sería testigo de algo tan catastrófico como el agotamiento del agua y lo más triste es que como otros acontecimientos históricos, también este está ocurriendo por la mano del hombre, por su mala gestión, desperdicio y sobreexplotación, no en pocas veces para satisfacer la ambición de unos pocos. 

No pasó mucho tiempo para que la historia catastrófica que nos contó el profe Lázaro a finales de la década de los 70 se hiciera realidad…