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Golpes en el corazón
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Golpes en el corazón

Carlos Peña

Con el título de esta colaboración queda claro que estamos celebrando el Día del Amor y la Amistad, así que disfrute, aproveche, agradezca o conquiste a esa persona que es o será muy importante en su vida, no se le olvide que el amor como quiera que usted lo viva o lo sienta es de lo más hermoso que se nos permite sentir. Busque esa historia que habrá de contar; los golpes en el corazón, esos llegan solos.

Lamentablemente en fechas recientes, desde la Presidencia de la República y en el México real, no han sido golpes al corazón, son recurrentes y descaradas las agresiones, los atentados y las vidas perdidas en el ejercicio de informar; el costo de la libertad de expresión o la consecuencia que pagan quienes piensan diferente al presidente López Obrador alcanza niveles nunca vistos. La escalada de violencia en todo el territorio nacional ha cobrado desgraciadamente la vida de quienes se dedican a difundir, reportear, conducir o dirigir algún medio de comunicación, tan sólo en lo que va de este sexenio y según datos de la Secretaría de Gobernación (Segob) hemos alcanzado 50 asesinatos, no digo con esto que antes no existía; sin embargo, se ha recrudecido.

No son pocas las voces que afirman que la violencia tiene muchas caras, puede ser física, verbal, emocional o económica por citar algunos ejemplos; la intimidación y la amenaza son también recurrentes cuando de la prensa se trata. En cualquiera de sus presentaciones estos hechos son lastimosos, en ellos se asoma la delincuencia organizada, crímenes de odio y en ocasiones, lo hemos confirmado, venganzas por publicaciones o comentarios.

Aunque lo considero poco probable, espero que esa postura por parte del Ejecutivo Federal pronto se corrija, sus conflictos permanentes en contra de diarios como Reforma o El Universal, personalizados como el caso de Denise Dresser o Carlos Loret de Mola en nada abonan a la libertad de prensa, de poco nos sirve como sociedad tener a los medios acallados o peor aún en su posición de líder de masas, exponer al linchamiento social a las y los comunicadores. La relación prensa-poder cada vez es más tensa, ríspida y en cada mañanera se le abona a ello.

Basado en el daño reputacional, se descalifica y se abusa para acusar y agredir a las y los periodistas, esa no debe ser la inercia que se siga, esta se vuelve peligrosa, no es la relación que México necesita; el discurso simplón de poner a todo quien piensa distinto la etiqueta de corrupto, deshonesto y mercenario no puede ser posible.

Todas y todos tenemos el derecho a decir que una información resulta falsa; sin embargo, hay que demostrarlo, hacer uso del derecho de réplica es absolutamente válido; aun así, con las descalificaciones y agresiones personales, porque verbales, pero lo son, vulnera toda posibilidad de ejercer con libertad la labor de comunicar. El discurso de estás conmigo o contra mí, de perder el respeto a una labor tan noble y necesaria, es un tono grave que degrada la institución presidencial y pone en riesgo a quien ejerce esta, la profesión del periodismo.

Es la mitad del sexenio y sería gravísimo que sigamos en esa inercia. En ello incluyo a nuestro estado, esperemos que no se siga desde Zacatecas el ejemplo de esta práctica lamentable de persecución o búsqueda de aniquilación a la prensa en cualquiera de sus formatos. Que se aplique inteligencia racional y no emocional en materia de comunicación, la crítica respetuosa y fundada siempre es necesaria para todo gobierno, espero que las decisiones sean de construir de manera objetiva con los medios y no de destruir producto de arrebatos estomacales.

Cuidemos los golpes, así sean al corazón y como cantan los Tigres del Norte “para sanar las heridas, voy a buscar otro amor, casi arruinaste mi vida, golpeando mi corazón”.