Un amor de telenovela
Selene Ramírez Briones
Las telenovelas en nuestro país son referente cultural y han llegado a paralizar las actividades cotidianas y capturar la atención de mujeres y hombres pendiente de las aventuras románticas de parejas con las que se sienten identificados o conmovidos.
Es una referencia hablar de la cultura creada en torno a las novelas, las Tres Marías, La Gaviota y otros tantos nombres y referencias de comportamiento y romanticismo que tienen su origen en las producciones de televisión que se han distribuido de forma masiva han impuesto un ideal imaginario de cómo deben ser las relaciones personales y de pareja, cómo funciona la relación entre las clases sociales y cómo las aspiraciones de amor y riqueza son un sueño para la mayoría, sin olvidar la clarísima reproducción de estereotipos de género que inundan las tramas.
Siempre vemos una protagonista, pura y “virginal”, pobre, pero desinteresada, que sólo tiene su belleza hegemónica y el amor como bandera para enfrentarse contra el clasismo, la discriminación y el sin fin de violencia que tenga la novela preparada para ella con tal de conquistar lo que al parecer es su máximo y único logro en la vida, el amor del galán. Galán que, por cierto, además de tener un estereotipo masculino muy claro en su estética, tiene casi siempre un genio y un cero control de sus emociones muy claro, es decir, por lo regular tienen un carácter muy complicado y además, no son capaces de tener relaciones racionales, pues uno de los recursos más usados son los triángulos amorosos, donde la mala, siempre será otra mujer, quitando de toda responsabilidad al hombre que juega en dos frentes.
Esta es la historia que, a grandes rasgos, la gran mayoría tenemos programados en nuestro inconsciente y ha sido, en buena parte, la responsable de la permisibilidad de la violencia contra muchas mujeres, porque parece que hay que sufrir un verdadero tormento para merecer amor y reconocimiento. Es uno de los eslabones del amor romántico que nos programan a aceptar relaciones tóxicas, violentas y riesgosas, sin antes reconocer la propia valía, los objetivos personales y el plan de vida, donde al final, el galán de telenovela no tiene cabida, más bien, se busca a una persona que pueda acompañar ese plan, sin necesidad de sufrimiento o bien, simplemente reescribir los objetivos y definir nuevos, donde una relación de pareja, una vida en familia, no es lo que se busca o se anhela.
Seguir reproduciendo los estereotipos de novela nos hace perpetuar mucho de lo negativo de vivir en una sociedad machista, idealizar el amor y romantizar las relaciones nos hace alejarnos de tomar decisiones racionales sobre cómo y con quien compartiremos nuestra vida. En fechas donde el amor romántico es el protagonista, siempre será bueno reflexionar sobre qué es lo que queremos y priorizarlo más allá de un ideal de amor romántico, pues la dignidad, la seguridad y la vida valen más que cualquier amor de telenovela.

