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A quien le importa
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A quien le importa

Carlos Peña

La diversidad sexual es un tema que en los últimos años se convirtió en el centro de los debates, derechos y exigencias ciudadanas. No fue poco el tiempo que la discriminación, el acoso, la persecución y violencia eran una constante para quienes manifestaban sus preferencias sexuales; incluso era preferible ocultarse, reprimirse o negarse a aceptarlo.

Muchas familias vivían un proceso de discriminación, muchas historias incluso encerraban un clima familiar violento, pues no en pocos casos se veía como algo impropio el vivir a plenitud la sexualidad en cualquiera de sus presentaciones. El daño tenía alcances físicos, verbales, emocionales, sociales o laborales; al grado de que fueron y siguen siendo lamentablemente, muchas vidas perdidas a causa de ello.

Si bien podemos hablar de que se han logrado avances importantes, es innegable que aún no estamos en una igualdad total. Por ello muchas voces siguen exigiendo respeto, oportunidades, espacios y condiciones, para que en el corto plazo no sean las marchas, las protestas o las denuncias el mecanismo para alzar la voz por parte de la comunidad LGBTTTIQ+; que sea realmente privilegiado y respetado su derecho a ser lo que se decide ser.

Desde 1970 la lucha por la libertad sexual ha sido permanente. Toca a esta generación consolidar la igualdad política y social de quienes integran esta comunidad que aporta talento, alegría, capacidad, destreza y muchísimo más al mundo en el que todas, todos y todes estamos dispuestos a convivir y construir para las presentes y futuras generaciones. La marcha del orgullo debe estar cada vez más lejos de una exigencia, para convertirse en una manifestación que exhiba y exprese la diversidad de orientaciones sexuales y géneros. Atrás deben quedar esos tiempos de vergüenza y miedo, para dar paso a la expresión a plenitud de sentimientos y preferencias.

No cabe duda de que como sociedad se debe actuar por convicción y no por obligación en lo que se refiere al respeto de las preferencias personales que cada ser humano tenemos para expresarnos o presentarnos, sexualmente hablando. El punto, considero, debe atenderse desde el seno familiar; urge fomentemos en nuestros hijos esos valores que les permitan respetarse y respetar a los demás; que sepan decidir el rumbo de su orientación sexual, que tengan la fortaleza mental para determinar el destino de su vida, sin ofender y causar daño a la comunidad; debemos aspirar a que todo mundo se sienta libre.

Tenemos la alta responsabilidad de formar mejores personas que generen condiciones de un mejor municipio, estado, país; al mundo le urgen sociedades incluyentes con claridad de que nadie podemos ni debemos ser perseguidos o avergonzados por lo que se es. Debemos contribuir a que el ser humano crezca su amor propio, su autoestima y su capacidad de aceptación. Urge dignidad, respeto a la diversidad y esa aceptación por la pluralidad.

Amor es amor y por eso como canta Thalía: “Mi destino es el que yo decido, el que yo elijo para mí. ¿A quién le importa lo que yo haga?, ¿a quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”.