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El Partido Revolucionario Institucional y las corridas de toros
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El Partido Revolucionario Institucional y las corridas de toros

Orejas y rabo

 

Carlos Saucedo Medrano

curromedrano05@gmail.com

 

El Partido Revolucionario Institucional se creó el 4 de marzo de 1929 bajo las siglas PNR (Partido Nacional Revolucionario). Años después, una vez exiliado de México Plutarco Elías Calles (su fundador) detentando el poder Lázaro Cárdenas, la institución cambió a PRM (Partido de la Revolución Mexicana). En el sexenio cardenista, vale apuntar, se organizó una corrida de toros para sufragar parte de los gastos derivados de la expropiación de la industria petrolera.

 

Manuel Ávila Camacho vio edificarse la Monumental Plaza de Toros México el 5 de febrero de 1946. Su controvertido hermano Maximino llegó a tener una ganadería de toros bravos más por capricho que por vocación. Justo en ese año del 46 el partido tuvo su último cambio de nombre al adoptar el de Partido Revolucionario Institucional (PRI).

 

Adolfo López Mateos, brillante orador y considerado uno de los presidentes que abrió las puertas de México al mundo en la primera mitad del siglo XX, asistía con frecuencia a los festejos celebrados en la Monumental Plaza México. El auge económico generado por las políticas contracíclicas, la expansión del gasto público y el exitoso modelo de sustitución de importaciones hizo que nuestro país creciera a tasas mayores del 6% anual entre 1954 y 1970. A esto se le conoció como el “Milagro Mexicano”.

 

Esa infraestructura potente hizo que el toreo en México también creciera y si bien la llamada época dorada, comprendida entre los años de 1930 y 1946, había terminado, la edificación de plazas de toros y surgimiento de ganaderías se incrementó en los años subsecuentes. Las corridas de toros gozaron del reconocimiento popular y con ello accedieron de manera rápida a los medios de comunicación más importantes de la época.

 

El PRI fue el gran impulsor y creador del México moderno. Con sus aciertos y errores, el partido logró consolidar un ambiente de gobernabilidad que ubicó a nuestro país dentro de las principales economías del mundo.

 

Menciono lo anterior porque la coyuntura política y el momento presente por el que atraviesa el revolucionario es para reorganizar el proyecto ideológico, de visión de futuro y de modelo de país que se proyecta, no para jugadas bajo la mesa que atenten contra un espectáculo lícito, histórico, cultural y artístico y que genera empleos tan necesarios.

 

Es lamentable que el coordinador de la bancada priista en San Lázaro se aferre, más por saña político-local, que por otra cosa, a ir contra las corridas de toros. Utilizar la estratégica posición que ocupa para intentar borrar de un plumazo el toreo en nuestro país, no va con la formación política de diálogo, acuerdo y consenso con la que el partido forja a sus cuadros. Incluso el actual gobernador de Coahuila ha tenido guiños con el sector taurino al reunirse con Arturo Gilio y al no descartar que las corridas regresen a ese importante estado norteño.

 

Es buen momento para que los principales liderazgos partidistas adopten una actitud de respeto a las corridas de toros, más aún si se trata de aquellos emanados de un instituto político que surgió gracias a un ferviente anhelo popular de democracia y justicia social.