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El virrey
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El virrey

Jesús Domínguez Cardiel

En los tiempos novohispanos una de las figuras más representativas fue la del virrey. Con el paso del tiempo, sus atribuciones fueron cambiando de acuerdo con las reglamentaciones venidas de España; sin embargo, permaneció durante más de 300 años.

 

A partir de la independencia, la figura desapareció y emergió la del presidente. En el trayecto, se perdieron muchas vidas, se intentaron varias formas, incluso hasta extranjeras y también se separó el orden civil del eclesiástico. No fue un camino llano, pero el presidencialismo se consolidó posterior al movimiento revolucionario del siglo XX. 

 

Más atrás en el tiempo, es decir, en el periodo novohispano, el virrey, si bien seguía una legislación muy clara y amplia, tenía atribuciones extensas que le daban un poder mayor al de cualquier otra autoridad, por lo que en el imaginario popular se ha pensado que era casi omnipotente, situación que históricamente no es cierta, pero así se cree, pues en los siglos XVI, XVII y XVIII su importancia varió en repetidas ocasiones.

 

La residencia oficial de este representante del Rey era en lo que hoy se conoce como Palacio Nacional, entonces nombrado Palacio Virreinal, tenía a sus órdenes a sirvientes y como era permitido, a cierta cantidad de esclavos.

 

Ostentaba poderes, en su mayoría civiles, pero como en ocasiones fue un eclesiástico, también algunos de ese tipo, cabe la pena recalcar que fueron pocas veces de los tres siglos que permaneció esta gobernación.

 

Ahora, debido a los cambios sociales, políticos, económicos y obviamente de mentalidad, una figura como la que se mencionó no sería adecuada, pues el contexto requiere a alguien que gobierne de acuerdo a las ideas del presente, que utilice la experiencia del pasado, pero no se case con ideas ya superadas.

 

Por lo tanto, alguna actitud semejante a la de un virrey en el México del siglo XXI, además de anacrónica, resultaría peligrosa, pues se tendría el riesgo de juzgar los hechos con una perspectiva regresiva, recordemos que “la persona se parece más a su tiempo que a su propio padre”.

 

Además, el país actual es una nación laica en su legislación y por esa razón utilizar alusiones a algún culto está en contra de estos principios, se trata de prácticas demagógicas.

 

Finalmente, si usted está a favor de una gobernación democrática identifique si existen actualmente elementos como los antes descritos, pues un “virrey” no concuerda con una democracia constitucional como la mexicana y aunque es correcto simpatizar con algunas figuras o modelos, no es puntual defender a ultranza algo que sería anacrónico.