Aniversario doctrinal
Carlos Saucedo Medrano
Las clases de catecismo en sábado eran una extensión de las aburridas prácticas de la primaria: un memorizar raso, la imposición de conocimiento sin poder rebatir y el poco tiempo para jugar futbol. Dos meses en las aulas de la fe y Ramiro aún no podía pasar de la novena pregunta que lo prepararía para su examen. Ser merecedor de la hostia consagrada nunca había sido tan difícil.
El viernes 4 de febrero del 2005 Ramiro se fue a dormir obviando la realización de sus deberes doctrinales. Lariza, su institutriz conocida en el medio católico local por arrodillarse antes de comulgar, había encargado el repaso del Credo. Irse a la cama con la expectativa de un aniversario de la Plaza México le provocó una felicidad muy grande. Ni su cumpleaños ni las vacaciones de verano le inyectaban júbilo similar.
Ya el sábado 5, frente a la pizarra verde del salón contiguo al templo, Lariza corría la mano con el gis: “Creo en un solo Dios, padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra…” la oración no encontró eco en Ramiro, pues su mente estaba concentrada en un dibujo que con delicadeza plasmaba en la contraportada de su libreta con forma italiana: “59 años Plaza México” dentro de un redondel que era similar a una media luna.
La mañana nublada y el ansia de postrarse ante la televisión le quitaron las ganas de forjar las paredes del templo con sus sonoros balonazos. Pasó su receso puliendo su dibujo, cuyo molde apareció en las cortinillas comerciales de las transmisiones taurinas.
Al fin las 2:00 de la tarde. Las campanadas que le dieron salida le gustaron más que el zumbido torpe del timbre escolar. Llegó un poco tarde el Ford Guía con sus padres a la calle de la Santa Cruz, sin embargo, desde que Ramiro subió un pie en el bólido marrón, su alma dio por iniciado el viaje a su mundo predilecto: el mundo de los toros. Fue llegar a la casa y ver la Panasonic negra con forma de caja para archivo en la mesa del comedor. 4:30 de la tarde y la voz de Heriberto Murrieta se escuchó a todo volumen: “Qué tal amigos, un saludo en este sábado cinco de febrero del 2005. Hoy un cartel de lujo en esta corrida de Aniversario. Se presentan Enrique Fraga a caballo, alternando con la primera figura mexicana, Eulalio López el “Zotoluco”, Enrique Ponce y Julián López “El Juli…”.
Ramiro experimentó mayor familiaridad con las notas del Cielo Andaluz que con el padre nuestro. Los papás aprovecharon para hacer sus pendientes ya que el niño se quedaría ahí durante tres horas, aunque ellos bien sabían que se quedaría para toda la vida. La corrida fue un éxito y el único aprendizaje eclesiástico que quedó en la mente del infante fue el nombre Montecristo, y es que de esa ganadería fue el cuarto de la tarde, indultado por el Juli. ¿En qué página del cuaderno de preguntas estaba Montecristo? Se preguntó Ramiro.

