Una revolución informativa en la fiesta de los toros
Carlos Saucedo Medrano
curromedrano05@gmail.com
No hay nada fácil en el medio taurino. Torear requiere dominio de la técnica e impresión de arte en las muñecas, criar a un toro bravo exige paciencia y exigencia, armar una feria taurina obliga al empresario a jugarse su dinero y echar mano de la inventiva en la combinación de carteles. ¿Y un reportero, periodista o cronista taurino? ¿Cómo logra el sublime equilibrio de comunicar lo más acertado posible el desarrollo de un espectáculo que goza de una intrínseca subjetividad?
El año pasado se presentó en Zacatecas el libro Memorias de un ciego visionario escrito por Bernarda Muñóz, hija del recordado Jesús, El Ciego, Muñoz. Él fue un hombre que marcó época en el toreo mexicano gracias a su agencia de información que dotó a los principales diarios mexicanos del acontencer taurino en pueblos y ciudades. Al El Ciego le llegaba la nota por teléfono y él se encargaba de replicar. ¿Existía veracidad entre lo ocurrido, lo transmitido y lo publicado? El ciclo de la información, complejo en su esquema, se reviste de una mayor dificultad cuando de toros se trata.
Según el historiador Carlos Silva, el primer festejo taurino transmitido por televisión en nuestro país fue el 30 de julio de 1950. En España lo fue el 8 de agosto de 1948, casi dos años antes que en tierras aztecas. Desde entonces la imagen en vivo acompañó los comentarios de fantásticos narradores que, con sus sabrosos y cultos apuntes, aderezaban lo acontecido en el ruedo. Hoy las transmisiones en vivo apuntan a ser cooptadas por los servicios de streaming. La televisión abierta quedará como un melancólico recuerdo.
Otra transformación llegó con el auge de las páginas de Internet. Los diarios impresos perdieron la importancia y popularidad que antes gozaban y ahora el interesado en saber cómo le fue a algún torero en determinado lugar se dirigía a la web para leer la ficha del festejo. Los videos y las fotos publicadas a la par del resumen de la corrida ofrecen un panorama más completo de lo que pasó.
La revolución informativa que vive la fiesta de los toros va paralela al paradigma dominante de las redes sociales. Eso quiere decir información en todo momento, en todo lugar y a toda hora. Hoy se ha ganado mucho en la inmediatez con la que se comunica algún hecho taurino: una cornada, una puerta grande, un nuevo apoderamiento, el cierre de una plaza, la venta de una ganadería, la muerte de un profesional, entre muchos más.
Aquí se compagina un toque de apertura en la vida de los toreros: su día a día se comparte con miles de personas y quizás no falte mucho para que alguno emprenda el esclavizante camino del influencer. Un patrón que bien podría repetirse entre mozos de espadas, ganaderos y empresarios jóvenes y todo aquel que guste de esos menesteres.

