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Honores a la bandera
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Honores a la bandera

Jesús Domínguez Cardiel

 

Hoy 24 de febrero se conmemora nuevamente a nuestro lábaro patrio, el cual, y como ya lo dije el año pasado y es sabido, hunde sus raíces a 1821 con Agustín de Iturbide y el Plan de Iguala, pero que desemboca en la firma del acta de independencia en septiembre de ese mismo año.

 

Sin embargo, en esta ocasión quisiera rememorar el acto cívico que se celebra, o al menos debería hacerse, cada lunes en las instituciones educativas; me refiero a los honores a la bandera.

 

Se preguntarán el por qué deben realizarse, aquí dos consideraciones:

 

  1. Porque a través de este sencillo momento, se establecen vínculos de identidad nacional, pues no sólo es cantarle a un “pedazo de tela”, como lo he escuchado ya varias veces, sino reconocerse como parte de una sociedad, la cual necesita reconstruirse, y sí, este es uno de los muchos medios que coadyuvan a tal situación.

 

  1. Porque la carga simbólica ejerce influencia en las relaciones sociales entre el estudiantado, principalmente. Es decir, a través de entonar diversos cánticos podemos conocer algo de historia; de esta manera reconocer el proceso por el que hoy estamos aquí, en otras palabras, saber que lo prehispánico, lo novohispano, lo liberal y por supuesto lo contemporáneo han dado un perfil de ciudadano.

 

Así, estas dos últimas semanas he vivido dos actos cívicos que me han marcado profundamente. El primero de ellos sucedió el lunes en una escuela de nivel básico, ahí observé que el estudiantado, independientemente del grado escolar, entonaba y hacía todos los movimientos como lo marca el protocolo, de manera efusiva, con ganas de escucharse y sobre todo con respeto.

 

El grupo más pequeño, aun con palabras cortadas, pero a grito abierto, los demás con mayor conciencia, pero igual ímpetu. Mis reconocimientos para el grupo de docentes que los acompaña semana a semana, pues estar con ellos y dar el ejemplo es fabuloso.

 

El otro evento sucedió al observar un protocolo, también de honores a la bandera, pero esta vez de funcionarios públicos. No fue opuesto, pero sí había más resistencia a cantar o simplemente silencios. No quiero hacer juicios de valor, pero tal vez se ha perdido la intencionalidad y sólo se realiza como formalidad.

Me quedo con los hechos por los infantes.

 

En sí, el acto de honores a la bandera no es complejo ni tardado, sólo consta de: saludar con la mano en el pecho a la bandera, observar su recorrido enmarcado por una escolta, entonar el Himno Nacional mexicano, declamar el juramento a la bandera, despedir a la bandera nuevamente con el saludo en el pecho, cantar la Marcha de Zacatecas, en el caso de nuestro estado, y finalmente despedir el acto con las efemérides de la semana y algunas palabras por la parte directiva.

Finalmente, los honores a la bandera son, desde esta perspectiva, un acto para aprender historia, respeto, civilidad, identidad y valores. Hay que fomentarlos en las escuelas de todos niveles.