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Por la aclamación a Carlos IV
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Por la aclamación a Carlos IV

Rara Avis: Letras, arte y cultura novohispanas

SALVADOR LIRA

Uno de los protocolos regios que cobraron gran relevancia durante el periodo de los Borbones fue la jura real. Si bien, con anterioridad se llevaron a cabo durante el gobierno de los Trastámara y los Austrias ‒como parte de lo que otros en espacios hemos denominado Actos de Real Sucesión en conjunto con las exequias reales‒, lo cierto es que bajo el dominio de la casa de la Flor de Lis se incrementó el número de testimonios con referencias simbólicas y emblemáticas. 

 

El ritual consistió, en términos generales, en aclamar y jurar lealtad al nuevo monarca. Para ello, se realizaban una serie de tablados en la explanada de la Plaza principal. El pendón real de la ciudad se paseaba, a manera de desfile, hasta llegar en el espacio del retrato, en donde se hacía la jura colectiva a la nueva soberanía monárquica. Al día siguiente, en la iglesia principal, se hacía una misa de acción de gracias con la presencia de todas las autoridades.

 

Son de especial estudio las juras realizadas para Carlos IV, tanto desde el punto de vista histórico, como para los procesos artísticos. Es menester indicar que en ese periodo se configuró una suerte de transposición de formas artísticas, con deslices hacia el neoclasicismo, sin que significara una renuncia a las acciones realizadas un siglo anterior. 

 

Un ejemplo son las que se realizaron en la villa de San Miguel el Grande el 7 de mayo de 1791, de las cuales se cuentan con dos testimonios dibujados de gran relevancia artística, resguardados en el Archivo General de Indias de Sevilla. Se trata de la descripción pictórica del desfile frente al tablado, donde se observa claramente los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma. Debajo de ellos, en un cojín rojo, las insignias reales: cetro y corona. El tablado regio tiene una disposición en columnas adornadas, con detalles superiores de carácter neoclásico. En la parte superior destacan los leones, divisa de los reyes españoles. Las esquinas y espacios tienen tarjas con emblemas, de los que lamentablemente no contamos con más detalles. En el centro del tablado se representa a don Felipe Bartolomé Hernández Ramírez de la Mota, quien juró con el pendón de la ciudad.

 

Más relevante aún es la representación del desfile. Su configuración es de carácter simbólico. En ambos dibujos, en la parte superior, se encuentran dos querubines que sostienen cartelas con la identificación de las personalidades. Así, en representación se observa, de manera simbólica, la presencia de Moctezuma, de Cuauhtémoc, de los Reyes Magos, de grupos indígenas, de reyes europeos o de Cupido. Son notables los detalles del color de piel de los transeúntes, pues se observa una diversidad cultural que el dibujante no escatimó. El conjunto de ambos dibujos los cierra un trompetista, que a su son grita “Viva”.