El folclor
JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL
Como es costumbre en los últimos días del mes de julio y los primeros de agosto se celebra en la ciudad de Zacatecas el Festival Zacatecas del Folclor Internacional; este año fue la vigésimo sexta edición y no estuvo exenta de comentarios, por supuesto algunos positivos y otros negativos.
Precisamente quiero en esta ocasión dividir La Pluma en dos partes, la primera que aborde lo que desde mi perspectiva fue positivo y por supuesto, la segunda parte, los aspectos que se pudieran mejorar.
De manera inicial, considero que fue un acierto dar la oportunidad de participar a grupos de distintas municipalidades, pues siempre un evento de esta magnitud será una plataforma importante y de gran proyección para crecer y salir a otras partes del país y por qué no, del mundo.
En este mismo sentido, el foro que se les proporcionó en la explanada del Congreso fue un acierto en su totalidad, pues era específicamente para agrupaciones emergentes y en el que al alternar con grupos nacionales y hasta internacionales, les da esa convivencia necesaria para sus futuras participaciones, tanto en lo local, como en lo nacional o internacional.
Actualmente estamos en una etapa en la que se habla de inclusión, y precisamente este festival la tuvo, ya que se presentó en este mismo foro el grupo de un Centro de Atención Múltiple, nada mejor para dar cuenta de la inclusión positiva, ya que quedó en evidencia que en la sociedad tenemos que reconocer y apreciar el trabajo en general y sin discriminaciones.
Asimismo, los dos desfiles también estuvieron llenos de la expectativa generada hasta antes de la pandemia y que poco a poco se va recuperando, de igual manera los demás foros, como las danzas de matlachines o el de la música del mundo, son decisiones muy acertadas. Sin embargo, aquí es donde quisiera abordar la parte donde se pueden hacer mejoras sustanciales.
Si bien, hubo gran cantidad de personas que se situaron a la vera de las avenidas González Ortega e Hidalgo para apreciar los recorridos, hubo algunos elementos que me hicieron reflexionar; el que más me llamó la atención fue la cantidad excesiva de tamborazos, es decir, aunque sea de lo más representativo, hay mucha variedad de danzas, bailes y sones que pertenecen a las representaciones folclóricas del estado.
Considero, sobre este aspecto, que se quiso lucir en toda la extensión de la palabra, sin embargo, en ocasiones la novedad también es un aliciente para despertar el interés; mi perspectiva indica que mediante una reunión en la que haya representación de cada grupo local, se decida con qué desfilar y así establecer manifestaciones que no sean repetitivas. Por ejemplo no vi la danza de la Pluma, los Caballitos, los Tastoanes o las cuadrillas de Morelos o Valparaíso.
Asimismo, un aspecto a mejorar y que en ocasiones no depende de las intenciones es la cantidad de agrupaciones internacionales y nacionales, pues en esta ocasión hubo menos participación que en ediciones anteriores. Pudiera pensarse y hasta justificar que sucedió debido a la situación económica, empero un evento así, no debe decaer, pues se ha posicionado como un espectáculo de muy buen nivel.
En suma, considero que debe ampliarse la presencia del festival a más municipios, ya que, como en el caso de lo mencionado para los grupos locales, hay sitios en los que en pocas ocasiones se tienen espectáculos provenientes de otras latitudes.
Finalmente, para aún ser un momento de recuperación postpandemia, creo que fue correcto y acertado el funcionamiento del festival, no obstante, falta más por consolidar.

