Un bautizo de la nobleza tlaxcalteca en una pintura-emblema
Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas
SALVADOR LIRA
Las representaciones de los grupos indígenas durante el periodo virreinal no pueden sin lugar a dudas entenderse en “un mismo conjunto”. Por el contrario, muchas de ellas establecieron diversos elementos de consolidación y procesos identitarios, que son parte de los devenires propios en la conformación de la Monarquía Católica y lo que se entendió como Virreinato de la Nueva España (si es que eso pudiese describirse a cabalidad), con por supuesto múltiples interacciones, en función también de las consolidaciones durante los siglos XVI-XVII-XVIII.
Bajo esta perspectiva, es preciso leer la pintura Bautizo de la nobleza tlaxcalteca. Se trata de una interesante propuesta pictórica al óleo –413cm de alto por 424cm de ancho ca. Siglo XVIII– resguardado en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec.
La pintura en su detalle central explica el proceso de conversión de los nobles tlaxcaltecas, sellado bajo el signo sacramental del bautismo. De tal manera, la composición muestra una integración tanto de motivos y personajes ibéricos, así como tlaxcaltecos, entre escudos de armas, penachos con plumas coloridas, entre otros. En términos de proceso histórico, es la seña de cómo la antigua Tlaxcala, en el proceso de inclusión de Hernán Cortés, pactaron para vencer a los aztecas, sujetándose a la lealtad mayor de Carlos V y su Monarquía Católica. De allí, la acción de conversión, lo cual trajo un estatus jurídico distinto.
Por tal motivo, a la pintura debe prestarse atención el “apadrinamiento” del personaje “español” principal, que se observa en el conjunto por su manto azul añil en contrastes interiores en rojo, quien además sujeta en su mano izquierda el bastón de mando. A sus pies, se encuentra una espada envainada. El “noble principal” tlaxcalteca también se representa con capa, ésta en blanco, quien es bautizado. La acción es vista como una “victoria”, por lo que es vitoreada por los personajes que se encuentran en la parte superior izquierda de la pintura. A su vez, tal elemento es explicado en el soneto de la cartela, que, al ejercer una interacción simbólica entre imagen y texto, ofrecen elementos de configuración emblemática:
Sujeta la cerviz a la española
dominación, cautivo al albedrío
la prisión de su torpe desvarío
rompe el tirano, que su sangre inmola.
Para que la diadema de oro, sola
simulada prisión del culto impío,
ceda en buena hora al venturoso brío
que el estandarte de la fe enarbola
vencido abjura el ciego Polifemo,
quien en la sacra fuente cristalina
vencedor se corona del abismo,
que, si al brazo español la testa inclina,
es con tales ventajas que ese mismo
para el glorioso triunfo le apadrina.


