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El toreo también ya es de cristal 
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El toreo también ya es de cristal 

Carlos Saucedo Medrano

curromedrano05@gmail.com

 

Sucumbimos. Lo que era grandeza, respeto, cuidado de los tiempos y las maneras; exigencia y determinación, se acaba. La época de cristal –valga el uso del concepto– abraza a nuestra fiesta y la sumerge en un maremágnum de actitudes que en décadas pasadas no se veía. 

 

Cuando comencé a escribir de toros para La Nota Zacatecas lo hice con una columna que hablaba de los cuatro pilares de la fiesta: el toro, el torero, las empresas y la afición. Esos cuatro agentes codependientes están presentando problemas muy graves, los cuales, de no atenderse a tiempo, podrían llevarnos a una etapa estrepitosa para el sector. 

 

El primer foco rojo lo vemos con los matadores de toros. Del año 2020 a la fecha, el número de toreros retirados de manera “indeterminada” se incrementó. Esa palabra de lo indeterminado provoca muchas preguntas: poderse ir y regresar como si se tratara de visitar un supermercado no es respetable para la fiesta, ¿será que los toreros de hoy ya no sienten la vocación como los toreros de antes? ¿Faltan arrestos para llevar sobre la espalda todos los sacrificios que implica aspirar a ser una figura del toreo? ¿Por qué no dirimir diferencias en el ruedo y no a través de entrevistas exclusivas? 

 

Se entiende a aquellos que por cuestiones físicas se ven imposibilitados a seguir de manera profesional en el camino, sin embargo, llama la atención que algunas figuras prefieran quitarse, dedicarse a otras cosas y dejar que el devenir del toreo sea incierto. Aquello del retiro indeterminado no se veía en otras épocas. 

 

Ahora bien, la afición a los toros cada vez más se moldea a los preceptos modernos. Aquí conviene hacer mención de una frase que Luis Carlos Períz, periodista Sevillano, decía: “lo mejor que podemos hacer quienes gustamos de esto, es buscar que nuestra subjetividad no riña con la subjetividad de otro”. Esto es, que dentro del gran cúmulo de opiniones y criterios que podamos formular –la mayoría perfectibles– no seamos totalitarios ni censuremos los comentarios de los demás. 

¿Qué pasa ahora? No se tolera la divergencia y se tacha de amargado al que poca coba ofrece. Qué pronto se los adelgazó la piel.

 

La fiesta de los toros es el último espacio de grandeza que le queda a la sociedad. Aquí confluyen los valores que forjaron generaciones exitosas, capaces de exportar nuestra esencia y echar a andar con éxito los grandes proyectos de país. No perdamos nuestra razón de ser ni las ancestrales maneras de dirigirnos entre nosotros. Cuidar al toreo es cuidar también de una forma de vida que mucho dista de la educación interna que en la actualidad se imparte. 

 

Escrito por –en palabras de Heriberto Murrieta– un nostálgico patológico.