La música de Chopin es relajante
Carlos Saucedo Medrano
Conocí a Frédérick Chopin gracias a un maestro de matemáticas. Los nocturnos y sonetos se intercalaban desde la minúscula y potente bocina de una tableta.
Aquellos movimientos del Franco-Polaco compaginaron con nuestro intento por ser precisos al momento de derivar funciones. El cálculo diferencial fluía mejor con tan célebres sonidos de fondo.
Ya no solté a Chopin. Quizás el precio mensual de Spotify lo desquita el nocturno número 9 o los cuatro movimientos de la sonata número 2: acordes con la magia de trasladarte de la melancolía a la esperanza, o de la abnegación a la fe. Ese abrupto crisol de emociones parece equiparable con los nuevos tiempos que vivirá la Plaza
México.
En primer lugar, existe un consenso positivo en el hecho mismo de la reapertura de la Plaza con los 10 carteles que se presentaron el pasado jueves. Por fortuna ya tenemos una versión oficial que despeja un camino marcado por los rumores, la desesperación de los profesionales por dar “la buena nueva” y la constante filtración de nombres, fechas y carteles. Sin embargo, hay algunas cuestiones de fondo que contrastan con esto:
El discurso oficial, promovido después de la resolución de la Suprema Corte fue el siguiente: “la reapertura de La México será un parteaguas para que todos pongamos de nuestra parte, para que las cosas se hagan bien y tengamos una fiesta más estructurada y profesional”. Acto seguido se ofrecen 10 carteles sin tanta categoría para una reapertura, con precios que promedian un 45% de incremento en el boletaje y dos marcados bloques de empresarios, con sus toreros y ganaderías, mutuamente excluyentes.
Frente a esta evidente realidad, la discusión –otra vez por parte de la corriente oficial– se encauza a las siguientes líneas discursivas: “es lo que hay”, “es muy difícil armar un ciclo con tanta premura y con pocos toros en el campo, por ello trajimos corridas que estaban reseñadas para Guadalajara”. O algo peor: “no estamos en tiempos para ser críticos, lo bueno es que habrá corridas, aquí nadie se puede poder exigente”.
El viaje de las melodías, que ambientan este confuso panorama, termina con una valiosa interrogante: ¿Se despedirá Enrique Ponce de la afición mexicana? Y es que el valenciano anunció su adiós al toreo para el próximo 9 de octubre en Valencia, España. No obstante, el cartel del suceso reza: “su despedida en ruedos españoles”, lo que abriría la posibilidad a que tenga una última comparecencia, justo ahí donde tanto se le consintió y admiró: justo en su Plaza México.
Deseo que la temporada de reapertura sea un glorioso éxito para todos, y si no hay tal, ya sabemos cómo y con qué nocturnos condimentar la melancolía.

