Callejoneadas
JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL
Transitar las calles de la ciudad de Zacatecas es una odisea para muchas personas, pues sus constantes subidas y bajadas generan sentimientos encontrados. Esta ocasión hablaré de una tradición zacatecana que no está directamente ligada con la gastronomía, aunque también hay atisbos de ella.
Me refiero a las tradicionales callejoneadas. Para quien no sabe qué son, y quiero suponer que son las menos personas, es un recorrido a través de las angostas calles y pequeños callejones de la capital, las cuales se recorren detrás de las notas del tradicional grupo musical zacatecano, el tamborazo.
Generalmente se realizan por la noche, cuando el sol ya no es impedimento para caminar aunque el acostumbrado frío se apodera de aquella vereda, aun así, al compás de canciones como La mala palabra, El gallito, Lino Rodarte, Los pájaros azules,, por supuesto, Los barreteros y la Marcha Zacatecas, entre muchas más, se bebe mezcal para amainar el gélido clima.
Lo más acostumbrado es iniciar en la Alameda, para de ahí moverse a otras plazas y plazuelas. Algunos contingentes se dirigen hacia la Catedral, pasando por la avenida Fernando Villalpando y haciendo escalas en la plazuela del Congreso y la de Santo Domingo, entonces, Plaza de Armas se convierte en una gran fiesta de música y baile.
Algunas otras callejoneadas deciden ir por la plaza Miguel Auza y la de La Caja; otros más se dirigen hasta la 450 pasando por el callejón de la Alcaicería de Gómez; unos más deciden tomar el sentido contrario, pues suben hacia la Escuela Normal y terminan en el Parque Enrique Estrada, ese que nombran del caballito o Sierra de Álica.
Lo cierto es que el caminar se vuelve una experiencia inigualable pues con el sabroso mezcal, la música y el baile las emociones afloran y el júbilo aparece.
Al llegar al final del recorrido, hay quienes además de continuar un rato con la bulla deciden dar algún aperitivo para amainar los efectos de la bebida, por ejemplo, taquitos de canasta, gorditas o algo por el estilo, al menos eso es lo que me ha tocado presenciar.
También hay quien decide mejor continuar la fiesta en algún establecimiento del Centro Histórico o simplemente retirarse, pero de lo que no hay duda es que es una de las representaciones más conocidas de Zacatecas.
Hay quien afirma que tiene más de 100 años de antigüedad, otros que tiene menos, pero de que ya está arraigada, de eso no hay duda.
Finalmente, si usted es asiduo a ellas, le conmino a tener una actitud de civilidad, respeto y tolerancia, pues es necesario seguir los tiempos y disposiciones que se adquirieron con el permiso que el Ayuntamiento brinda. En suma, que esta tradición sea con moderación.

