Los intereses económicos por encima de la integridad de las y los trabajadores mexicanos
DEVANY ROJA
Hace unos días mientras platicaba con una conocida me comentó que había cambiado de trabajo, interesada en conocer más sobre su vida laboral le hice una serie de preguntas superficiales como cuál eran las actividades que realizaba, sus horarios, y si se sentía o no cómoda ahí, su respuesta no tardó más de dos segundos: Su trabajo no estaba siendo gratificante ni placentero, inmediatamente eso captó mi atención, sin embargo, conforme la plática avanzaba logré comprender el porqué de su disgusto.
Al principio hizo hincapié en el horario puesto que ella vive retirada de la zona donde trabaja, lo que la obliga a levantarse a las 4:00 de la mañana, no obstante me comentó que eso no le generaba inconveniente, pues sabemos que todos los días millones de mexicanas y mexicanos tienen que levantarse a esas horas, o incluso mucho antes, para acudir a sus respectivo trabajos, el verdadero problema comenzó cuando inició a platicarme las condiciones bajo las cuales trabajan, enlistó una serie de factores que no sé cuál es menos favorecedor en la salud de las y los trabajadores.
La empresa para la cual labora se encarga de fabricar artefactos y piezas para coches, desde las 6:00 de la mañana y hasta las 3:00 de la tarde las personas, divididas por áreas, deben cocer un cierto número de estos artefactos haciendo uso de máquinas, durante su jornada laboral deben darse prisa, y claramente no deben cometer errores, pues una pieza mal cortada o cocida implica “pérdidas monetarias” para la empresa, y claro eso es algo que a los directivos no les conviene.
Bueno, pero de seguro reciben capacitaciones constantes y un buen ambiente laboral, ya que al hacer uso de este tipo de máquinas se exponen a sufrir algún tipo de accidente, y podríamos pensar que incluso reciben cursos de primeros auxilios por si estos accidentes llegaran a ocurrir, pero cuál fue mi sorpresa que no funciona así, pues la capacitación para el uso de máquinas sólo se imparte por uno o dos días, y de primeros auxilios ni hablemos, no hay tiempo.
Mi conocida me comentó que los rotan constantemente de área lo que hace que prácticamente no tengan tiempo de acoplarse a las máquinas, que la presión frecuente por cumplir “la meta de piezas al día” es demasiada al grado que hay managers que incluso se molestan si no aprenden a usarlas de inmediato, y no culpo a los managers pues ellos también están bajo las órdenes de sus superiores cuyos intereses se centran en fabricar más, en el menor tiempo posible y sin perder dinero.
La siguiente pregunta que le hice fue que si les daban tiempo de caminar un rato, tomar aire, despejarse, comer, levantarse de sus asientos que yo erróneamente suponía estaban acolchonados, a una altura adecuada para evitar accidentes ergonómicos, pero otra sorpresa me llevé cuando me dijo que ni siquiera tienen asientos, en una jornada laboral de nueve horas se mantienen de pie, y sólo disponen de 30 minutos para salir a desayunar algo, la cuestioné acerca de si la empresa era mexicana a lo que ella me respondió que no, ya que se trata de una empresa extranjera.
Conociendo esto, me hizo analizar muchas cosas, por un lado recordar que en México contamos con la Ley del Trabajo junto con las Normas Oficiales Mexicanas que buscan regular las prácticas laborales en el país, estableciendo los derechos y obligaciones de patrones y trabajadores encaminándolo a velar por el bienestar de las y los trabajadores, protegiéndolos de abusos y cuidando de su integridad, pero por el otro caí en cuenta que habiendo dinero de por medio todo lo que acabo de mencionar pierde relevancia, pues al parecer importa más llegar a la meta, producir y vender sin importar la seguridad laboral de las personas.
Las inversiones extranjeras sin duda son buenas, potencian la economía del país, ofertan empleos, crean lazos entre naciones, pero definitivamente es inconcebible que se pongan por encima de la integridad de las y los mexicanos que sólo buscan un trabajo digno y honrado para ellos y sus familias, y México debería de prestar más atención en este sentido, porque para qué queremos las leyes si sólo se van a usar en beneficio de unos pocos.

