• sábado, 13 de junio de 2026
  • Máx. 26°C / Mín. 16°C | Dólar hoy 17.37pesos Banxico
Compartir en redes sociales

En la mira

Diabetes y salud mental: entender lo que no se ve

La diabetes mellitus es una enfermedad que obliga a muchas personas a estar pendientes de su salud todos los días: revisar sus niveles de azúcar, seguir una alimentación adecuada, tomar medicamentos, hacer ejercicio y acudir a consultas médicas. Todo esto con el objetivo de evitar complicaciones que pueden afectar órganos como los ojos, los riñones o el corazón. Sin embargo, hay una parte del cuerpo que también se ve afectada y de la que se habla muy poco: la mente.

La ciencia ha demostrado que vivir con diabetes aumenta el riesgo de desarrollar problemas emocionales, como la ansiedad y la depresión. Esto ocurre porque la enfermedad no sólo altera el funcionamiento del cuerpo, sino también la forma en que la persona se relaciona con su vida diaria. Tomar decisiones constantes y enfrentar temores sobre el futuro puede generar una carga emocional difícil de manejar.

Cuando alguien recibe el diagnóstico, es normal sentir sorpresa, miedo e incluso enojo. De un día para otro, esa persona debe adaptarse a un estilo de vida distinto. A veces surgen pensamientos como “¿por qué a mí?”, “¿y si me enfermo más?”, “¿qué dirán los demás?”. Estas ideas pueden afectar la autoestima y el bienestar emocional.

Además, el estigma social no ayuda. Todavía existen comentarios que lastiman, como culpar al paciente por su enfermedad o minimizar el esfuerzo que implica su control diario. Sentirse juzgado o incomprendido puede generar aislamiento social y tristeza. Y cuando alguien se siente así, es más difícil continuar un tratamiento que, de por sí, exige disciplina.

La relación entre diabetes y salud mental es una vía de doble sentido. Por un lado, la diabetes puede causar estrés emocional; por el otro, la ansiedad y la depresión pueden empeorar el control de la diabetes. Por ejemplo, una persona deprimida puede dejar de comer adecuadamente, abandonar sus medicamentos o faltar a sus citas médicas. Esto provoca que sus niveles de glucosa aumenten y, con ello, también aumente su riesgo de complicaciones.

Este problema afecta a personas de todas las edades. En jóvenes con diabetes tipo 1, el desafío es aceptar una enfermedad que los obliga a ser responsables antes de tiempo, lo que puede generar frustración o miedo a ser excluidos. En adultos con diabetes tipo 2, pueden influir factores como el estrés laboral, la falta de recursos económicos o el cuidado de la familia. Cada etapa de la vida presenta retos emocionales distintos.

Existen apoyos efectivos para quienes viven con diabetes: la atención psicológica, la educación en salud y el acompañamiento familiar o grupal ayudan a manejar las emociones y mejorar la calidad de vida. Cuidar la salud mental es parte fundamental del tratamiento, porque sentirse acompañado y seguro fortalece al paciente. Vivir con diabetes es un proceso de aprendizaje que puede afrontarse con apoyo, información y esperanza. La mente también necesita cuidados. Recordarlo es el primer paso para que nadie tenga que luchar solo contra la diabetes. Al tiempo.