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¿Día Nacional de la Tauromaquia?
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¿Día Nacional de la Tauromaquia?

Carlos Saucedo Medrano

curromedrano05@gmail.com

 

México es un país pluricultural. En el norte, centro y sur de la geografía nacional se asientan expresiones ricas en gastronomía, literatura y festividades religiosas. No en balde, cada cierto tiempo vemos los ríos de personas inundando los mercados florales para festejar el día de la madre, o el día del Santo Patrono en alguna provincia específica. Los Mexicanos somos mucho de eso: de los días de. 

Bajo esa tónica, el sector taurino en México, a través de algunas agrupaciones y estamentos, propone la creación del Día Nacional de la Tauromaquia. Fecha que basa su razón de ser, en la primera vez que se corren toros en lo que hoy es territorio nacional. Consta en documentos históricos, tal acontecimiento en un 24 de junio de 1526.

 

Conviene elegir una fecha así, por la trascendencia histórica del hecho y por qué no existe una preferencia hacia otro grupo, torero o ganadero del país. ¿Se imaginan ustedes haber nombrado el Día Nacional de la Tauromaquia, en una fecha alusiva a la primera importación de ganado bravo a México? ¿O ligarla con alguna faena trascendente de cierto torero nacional? 

 

Como este es un gremio un tanto orgulloso y lleno de envidias, más vale citar una fecha genérica y nada tendenciosa. 

 

Antes del empuje general que respalda esta iniciativa, el día de mayor relación nacional con la fiesta brava, cimentaba sus expresiones en un 5 de febrero. 

Considero que la fecha del aniversario de la Monumental de Insurgentes logró unificar a todo aficionado mexicano en torno a una celebración específica. 

 

Más allá de contar con una fecha que agolpe el fervor de sentirse aficionado a las corridas de toros, lo que deberíamos hacer, quienes formamos parte de este sector, es no cesar en la intensa labor de defensa y promoción del toreo. Y es que, después del fuerte impulso mediático que supuso el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a favor del toreo en el año pasado, no se han asomado atisbos de unificación y reordenación económica e interna de la familia taurina mexicana. 

 

¿Cómo vamos con los demás amparos que se presentaron en el país? ¿Qué opinan los ganaderos sobre los costos de su materia prima en medio de una de las más brutales sequías? ¿Cuántas escuelas taurinas siguen formando a los nuevos valores del toreo nacional? 

 

Esas y muchas interrogantes más deberían de ser resueltas a la par de los prolegómenos de cantar, por los cuatro vientos, la buena nueva de un día nacional de la tauromaquia. 

 

Si seguimos con esta aletargada crónica de no reformar ni reestructurar lo que sí es verdaderamente importante, habremos quedado como aquel taquero, que a falta de tortillas y cilantro, cerró su puesto de la esquina en pleno 31 de marzo.