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La fiesta y “la cruda”
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La fiesta y “la cruda”

La fiesta comienza desde que se piensa y nos invitan; hay emoción, alegría, planes… Todo cuidado con detalle, desde quien organiza como quien resulta invitada o invitado, se proyectan, disfrutan de lo que será un gran evento, es pues donde todo se concibe con optimismo. A preparar todo que vamos a disfrutar. Llegó el gran día y las emociones no cesan. La bienvenida, ¡qué bonito vestido! ¡Qué elegante! ¡Qué rica cena! ¡El mezcal riquísmo! La música increíble hasta bailar descalzos al ritmo de Caballo Dorado o sacar los mejores pasos en unas cumbias, en fin, nos amanecimos de gusto y salimos con nuevos compadres, parientes y en un descuido hasta con el número de quien ese día estuvimos decididas o decididos a conquistar. La fiesta fue un éxito y hasta tendremos recalentado.

“La cruda”, expresión coloquial que describe la resaca que se genera por beber en exceso, pero que no es exclusiva para ello, hemos escuchado de “cruda moral”, crudos los alimentos, el cigarro me hizo “cruda”, baile tanto que amanecí como si anduviera “crudo”, es que me hizo “cruda” la desvelada, en fin es simple y sencillamente una condición de molestia, incomodidad, reproche o reclamo por la forma en que actuamos, reaccionamos o consumimos y que termina por generar un malestar en cualquiera de sus presentaciones.

Parto de esta analogía para llegar a lo que en el ejercicio de gobierno y en el quehacer político se vive de manera recurrente y que para nadie son ajenas, la fiesta y “la cruda”, que van intrínsecos en esta actividad.

La fiesta comienza (cuando) ya logramos la candidatura, la que he anhelado por años, mi partido me dio la oportunidad; batallamos pero aquí estamos aunque sea con otra camiseta, lo importante era estar. La lista de quienes me acompañarán en esta lucha, mi equipo, los perfiles, el utilitario, las porras, las giras, los eventos, los desayunos y los recorridos; los kilos de más por tanta comida, asado, birrias, tortillas hechas a mano; tantas calles caminadas, el mitin con los discursos, las jornadas hasta altas horas de la noche, las anécdotas, los próximos ahijados y ahijadas, los nuevos compadres. No faltan las discusiones, los gritos, las diferencias, las coincidencias tensas con otros aspirantes, en fin, todo es una gran fiesta que se disfruta; incluida la ciudadanía que aunque no se involucren, dedican minutos de su día para decir que ya se acabe, hay vienen estos, ya que se callen, qué despilfarro, en fin, la fiesta es de todas y todos, cada quien decide como la vive, como la padece.

“La cruda” comienza cuando llegó la jornada y no ganamos. El reproche, el sentimiento y el reclamo, incluso una que otra lágrima se asoma. Para quien gana, “la cruda” aparece en los días siguientes, ¿quiénes serán a los que dé una oportunidad? ¿A cuántos les diré que me disculpen porque no estarán? La primera quincena, los muchos proyectos y los pocos recursos, el camión de la basura que no pasa, la luminaria que no prende, el bache que lleva años, los laudos, el recorte presupuestal, los programas que se acabaron, las llamadas y los mensajes que no cesan, el juicio ciudadano. En fin “la cruda” llega y hay que vivirla sí, pero también aprender de ella.

A pocos días de que inició la gestión estatal y los ayuntamientos municipales, con la conciencia de la adversidad económica que vivimos, la aguda y peor crisis de inseguridad que nos tiene alarmados y, la falta de solidaridad con programas y acciones que impacten en positivo en nuestra sociedad, nos dicen que tenemos que poner mucha atención en el tipo de fiesta que queremos, que necesitamos y que anhelamos. No hay porque no vivirla o disfrutarla, ser parte de ella, pero urge el compromiso de todas y de todos haciendo cada quien su parte y haciéndola bien para evitar “la cruda”, o si está nos alcanza, sea entre todas y todos que nos la atendamos; ayúdenos y déjenos ayudarles. México, Zacatecas y sus municipios son de interés general. Paciencia, inteligencia y constancia, que vamos juntos.

La fiesta es nuestra, “la cruda” también. Vámonos a tono de Don Antonio Aguilar,

¡Ay, Diosito, si borracho te ofendí, en la cruda me sales debiendo!