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La reconciliación consigo mismo y con los demás
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La reconciliación consigo mismo y con los demás

¿Alguna vez has sentido que hay algo mal en ti (inadecuado), que algo te falta (insuficiente), que no eres lo suficientemente bueno (malo), que no podrás lograr tus metas (incapaz)?; ¿te has sentido dividido internamente? O, ¿te has descubierto a ti mismo culpándote o autocastigándote por el pasado?

Hoy escribo para hablar de un tema que nos dará información sobre la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás. Desde mi punto de vista, un proceso de reconciliación consigo mismo y con los demás, implicaría lo siguiente:

1.- Realizar un proceso de autoconocimiento. Conocer tu historia y los rincones de ti mismo que no has visto, o no has querido ver, es un paso fundamental. Hablar de aquel dolor del que no hablas, aquellas experiencias que viviste con vergüenza, culpa, tristeza o con enojo, etc. Estas experiencias requieren metabolizarse para resignificarlas, tomando consciencia de los aprendizajes que dejaron y descubrir sí puedes percibirlas de otra manera.

2.- Identificar aquellas conductas que me dan pertenencia a mi familia. “Date cuenta” de las características que tiene tu clan familiar e identifica aquellas lealtades o pactos “invisibles” que tienes con ellos, aquello que inconscientemente repites una y otra vez y, que incluso muchas veces, te hacen auto lastimarte o auto sabotearte. Date cuenta que tienes el permiso del sistema familiar para “hacerlo diferente a ellos” y que seguirás perteneciendo y siendo amado.

3.- Devolver a cada quien lo que le corresponde. A veces cargamos cosas que no nos corresponden por querer ayudar y/o, vivimos tristezas y enojos de que no son nuestros. Es importante darnos cuenta, como dice Chopra, que podemos devolverlos a sus dueños originales para ser más libres.

4.- Cerrar asuntos inconclusos pendientes. Todas las personas tenemos asuntos inconclusos que no hemos completado por infinidad de razones. Hay momentos en los que necesitamos entablar un diálogo pendiente con alguien que está, o que ya no está, para cerrar ciclos de experiencias abiertas, para estar en condiciones de escribir nuevas y fluyendo hacia la vida.

Una vez, que me he conocido y me comprendo, es entonces que puedo estar en paz conmigo mismo. Me doy cuenta que he hecho lo mejor que he podido a cada momento de acuerdo con el grado de consciencia que tenía.

Una vez que nos hemos reconciliado con nosotros mismos, nos damos cuenta que todo el tiempo hemos visto nuestra propia historia a través de la persona más próxima, el otro. Nos damos cuenta que el otro, también tiene una historia y heridas como las nuestras. En ese momento, puedo mirarle con mayor compasión, con menor juicio; puedo tomarme las cosas menos personales y, ya no “engancharme”. Somos capaces de darnos cuenta que el otro EXISTE y le podemos mirar tal y como ES. Sólo entonces podemos establecer vínculos más profundos, más reales y auténticos, anhelo de muchos.

Después de esto, se pudiera buscar una reconciliación con algo más grande. Buscar resolver el problema de la angustia ocasionada por la separación.