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¿Les gusta que les peguen?
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¿Les gusta que les peguen?

Yo creo que ya todas y todos conocemos el caso de alguna mujer que fue o está siendo víctima de violencia de género, es inevitable en este mundo tan desigual; muchas de estas situaciones sólo concluyen con las típicas frases: “al cabo lo va a perdonar”, “le gusta la mala vida” o “está ahí porque quiere”, a veces sólo como un chisme de colonia o incluso como una determinación del Ministerio Público.

Es increíble para muchas personas pensar que las mujeres no pueden decidir de tajo dejar a un hombre que las violenta, pero, ¿por qué no los dejan?, si suena lógico, nadie que es tratado con violencia debe soportarlo, entonces, ¿por qué las mujeres viven y comparten el techo y el pan con sus agresores?, más aún, los cuidan y atienden como si fuera un gozo para ellas vivir una vida denigrante.

Para empezar, la crianza es muy dura, las mujeres fuimos formadas en un sistema que nos exige ser serviciales, atentas, cuidadoras y muchas otras cualidades, todo esto para poder ser vistas como “buenas mujeres”, ser aceptadas y pertenecer, así que es un lastre cultural.

Pero no todo es la cultura y la crianza, porque si bien las leyes ya son muy claras y tienen como uno de sus principios la igualdad entre hombres y mujeres, seamos honestos, aunque en papel tengamos los derechos dados, la realidad es mucho más cruel y la violencia contra las mujeres crece día con día, tanto que el feminicidio es un delito en ascenso en el país.

Si bien en este país las mujeres somos personas libres, la realidad es que no todas somos autónomas, es decir, más allá de lo que digan las leyes, no contamos con un contexto dotado recursos financieros, trabajo, soporte de apoyo para cuidar a las hijas e hijos, instituciones que impartan justicia de forma ágil e incluyente, seguridad y demás asuntos públicos que van más allá de una decisión familiar, que tienen que ver con instituciones de gobierno, de impartición de justicia y del respeto a los derechos humanos de las mujeres en situación de igualdad.

No hagamos juicios entonces, porque si bien las mujeres somos personas libres, no todas son autónomas y la autonomía de las mujeres no es una cuestión de una decisión personal, es un tema de público y de injerencia de todas y todos.

Este espacio se lo dedicaré a Alicia, una mujer, como miles en este país, se encuentra atrapada en una situación en la que no puede hacerse valer por sí misma, ni por su salud (pues tiene un padecimiento cardiaco que debe ser atendido de emergencia), por su integridad o libertad (ya que se encuentra incomunicada y aislada). A ella y a todas las que se encuentran en una situación así, extiendo mi mano en apoyo incondicional, pues no están ahí por gusto, si no porque la sociedad que construimos les ha robado su autonomía.