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Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas
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Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas

Entre la alegoría y la virtud: las exequias 

a María Amelia de Sajonia en Guatemala

Salvador Lira

Durante la segunda mitad del siglo XVIII en prácticamente toda la Monarquía Católica dio un proceso de transición en cuanto a los modelos artísticos, así como los medios de representación. Las ideas neoclásicas poco a poco fueron ganando terreno respecto a las ideas artísticas generadas un siglo anterior. No obstante, por supuesto preciso no es insistir que esta transición fue definitiva y abierta en todos los sentidos. Antes, hubo espacios de diálogo y discusión, con bandos en muchos casos plenamente definidos. 

 

Por otro lado, hay casos donde se puede en perspectiva valorar procesos de integración, con ciertos elementos a considerar. De entre los elementos notorios son las nominaciones o trasposiciones de “alegorías” con personificaciones míticas como Júpiter y el monarca católico –muy usuales para los siglos XVI y XVII– frente a las disposiciones de virtudes, por ejemplo Liberalidad, Honor o Justicia. 

 

Un testimonio a considerar son las exequias a María Amelia de Sajonia, esposa de Carlos III, por la Real Audiencia de Guatemala. La descripción de todo el ritual fúnebre y su túmulo, con grabado, se encuentran publicadas en El Panteón real, fúnebre aparato… por Juan Antonio Dighero, quien fuera rector de la Real Universidad de San Carlos. El impreso fue promovido por el oidor don Juan González Bustillo, quien fungió de comisario de exequias, y sacado a la luz por la Imprenta de Sebastián de Arévalo en 1763. 

 

El túmulo es un dechado de comunicación entre dos formas: alegorías y virtudes. Destaca aún el peso de las formas emblemáticas del siglo XVII, aunque se vislumbra ya una apertura hacia otros bríos, sobre todo en la mención de algunas virtudes expresas, no alegorizadas o transfiguradas en alguna imagen mitológica. En la primera estancia, se propusieron imágenes de Júpiter, Juno, Aurora, Apolo, Mercurio, Vesta, Vulcano, Venus, Minerva, Cibeles, Saturno, Jano y Astrea. En la estancia segunda estuvieron “dioses terrestres y marinos”, Pan, Ceres, Pales, Feronia, Aristeo, Diana, Flora, Pomona, Sileno, Momo, Océano, Tetis, Ino, Glauco, Tritón, Neptuno. En la tercera estancia, estuvieron “dioses infernales”: las Parcas, Caronte, la Noche, el Sueño. En la estancia cuarta, final, se colocaron virtudes cuales “dioses honorarios”: el Honor, la Fortuna, la Fama, el Silencio. Estos últimos fueron, en configuración, integrados a elementos mitológicos en la narrathio philosophica, como sucede con el “Silencio”, a quien lo describieron cual dios egipcio Harpócrates en su forma infante. La propuesta general fue una reunión entre diversos valores.  A la idea del túmulo y su conglomerado simbólico se le llamó “El Panteón”, en una idea de recuperación grecolatina: “Así se llamó el soberbio templo, que Roma infiel consagró antiguamente al culto universal de todos los falsos dioses, y hoy (convertida su soberbia en humildad) se conserva dedicado a la Reina de los Ángeles nuestra Señora, con el título de Santa María la Rotonda, por ser en esta forma la simetría y disposición de su edificio”.