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San Felipe de Jesús y la imagen de la Nueva España
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San Felipe de Jesús y la imagen de la Nueva España

Rara Avis: Letras, Arte y Cultura Novohispanas

Salvador Lira

Durante el periodo novohispano fueron múltiples las acciones por arraigar o generar imágenes que a la postre pudieran dar identidad o sentido de valores hacia una integración de los organismos sociales de la época. Así, es posible explicar el desarrollo de artefactos o representaciones mendicantes, algunos provenientes del otro lado del Atlántico, mientras que otros, en un ejercicio sincrético, se construyeron con la colaboración de distintas tradiciones arraigadas a solemnidades de carácter prehispánico. 

 

Una de tales imágenes es la del santo Felipe de Jesús. Como es sabido, representa ser el primer personaje nacido en México en ser llevado al altar. Nació el 1 de mayo de 1572 en la capital novohispana y falleció en Nagasaki, Japón, el 5 de febrero de 1597. Ingresó a la orden franciscana, luego de un viaje a las Filipinas en donde, según los relatos hagiográficos, tocó fondo por desenfrenados excesos. 

 

Posteriormente, sin ser aún ordenado sacerdote, viajó nuevamente por las costas del Pacífico, lo que lo llevó, por los azares del oleaje y las tormentas, a Japón. Ahí, después de emprender labores de misión y también por varias vicisitudes con el orden político nipón, junto con otros religiosos fue torturado y martirizado. Ello conllevó un amplio proceso de santidad: la beatificación fue temprana, el 14 de septiembre de 1627; y su beatificación fue ya mucho tiempo después, el 8 de junio de 1862. 

 

Cabe señalar que, al ser un beato de la Nueva España, pronto se entabló en esta imagen como un elemento unificador del que posteriormente será considerada como la “identidad criolla”. Existen múltiples representaciones tanto literarias, como visuales. Quizá, los grabados de José María Montes de Oca (ca. 1801) son de las más célebres, dado que muestra una serie de “episodios” de la vida del santo, así como eventos posteriores a su beatificación. 

 

Sobre la idea de la identidad novohispana, destáquese lo siguiente: el santo se encuentra sobre el águila que se encuentra encima de un nopal, devorando a una serpiente. En la parte superior, iluminada, tres querubines contemplan la escena. En la parte inferior, Castilla representada en forma de mujer, junto a Nueva España, noble señora vestida de huipil. El espacio ya no es el lago del Anáhuac, sino el de los palacios de la Ciudad de México. El conjunto representa una actualización y concordia de valores, en la exaltación del discurso criollo.