Sanar al niño interior herido
Adrián Chávez
Nuestra mente tiene 3 estados del ego que determinan nuestra personalidad como individuos: uno de ellos es “el niño”, otro “el padre” y otro “el adulto”. El estado padre es una parte de nosotros que hemos aprendido a través de los padres y la cultura en la que nacemos, acerca de lo correcto e incorrecto (una voz que nos acompaña todo el tiempo); el adulto, es responsable de dar una respuesta “aquí y ahora”, respuesta que normalmente hace desde el pasado, es decir, desde la influencia de los padres (el estado padre) y la interpretación que hizo o “pudo elaborar” el niño ante la historia que vivió (el estado niño).
¿Qué es el niño interior?
Ahondando en el ego de “el niño interior” herido, podríamos decir que es una parte de nosotros que sabe de sufrimiento, de miedos, de humillaciones, de rechazos, de injusticias, de culpas, de abandono, de carencias, de falta de reconocimiento, de carencias afectivas, de abusos, entre otras. El niño interior herido es una parte de la historia de vivimos, porque seguramente vivimos otros muchos momentos de felicidad, pero específicamente estos momentos siguen vigentes y continúan teniendo vida actualmente. El niño se muestra todo el tiempo, para que lo veas, para que lo sanes, para que lo atiendas, pero impedimos verlo y ver esas experiencias porque evidentemente necesitaríamos atravesar el dolor que generaron.
Decidir ir al encuentro del niño interior, es una tarea importante e impostergable, si se quiere salir del sufrimiento, si se quiere vivir más responsablemente, consciente y saludablemente. Es necesario conocerle y hacerse cargo de él, de sus necesidades, de sus heridas y de su historia.
Sanar al niño interior
Imaginando que miras al niño interno, le puedes decir: Estoy feliz de haberte encontrado, alegras mi vida, me gustas tal y como eres, no te dejaré nunca, eres muy importante para mí, puedes ser tú mismo y contar con que estaré a tu lado, está bien que seas diferente, me gusta cuidar de ti, me gusta alimentarte, que estés relajado y tranquilo.
Otras frases que se le pueden decir: gracias por haberte encargado, lo hiciste muy bien, ahora me encargaré yo el adulto; eres inocente, no tienes culpa de nada de lo que sucedió; mira ya crecimos y ahora todo está bien; tienes derecho a enojarte; tienes derecho a llorar y tienes derecho a disfrutar.
Unas frases más: te mereces tener las cosas que deseas, puedes pedir lo que quieras, puedes confiar en tus opiniones, hacer las cosas a tú manera, te puedes equivocar y sobre todo saber que siendo imperfecto eres merecedor de amor y respeto.
Piense en algún recuerdo que venga por ahora, la experiencia que necesita ser sanada en ese niño y busque acompañamiento para sanar y recuerde: la voz, palabras e intención con que se dirija a sus hijos será la voz que con la que se hablarán y cómo se tratarán toda su vida (hasta que decidan sanar por ellos mismos).

