• jueves, 29 de septiembre de 2022
  • 16 °C
Una triste historia
Compartir en redes sociales

Una triste historia

Testimonio de una sobreviviente de violación sexual

“No fue mi culpa”

Lucía Dinorah Bañuelos

GUADALUPE, ZAC.- Su día empezó  a las 5:35 de la mañana; abandonó la cama con un nudo en el estómago, ese que durante los últimos siete días no la dejaba en paz.

Como todas las mañanas se apresuró a arreglar las cosas de su hijo menor para llevarlo a la primaria: el desayuno, el uniforme, la mochila… Pero ese día no sería igual a cualquiera.

Hacía siete días que su hija, a quien llamaremos Lupita, le había confesado que estaba embarazada y decidió confesárselo envuelta en un evidente nerviosismo. 

La agresión

«Te fallé mamá», fueron las primeras palabras que se hablaron del asunto aquel martes por la noche en el automóvil.

La madre no tardó en entender que no sólo era nerviosismo el que ella tenía, sino terror, angustia y mucha culpa.

“Dejé que hablara y de manera general, sin mucho detalle me dijo lo que había ocurrido: ‘Fue el Javier (su nombre también fue cambiado), el día que salimos le dije que ya me quería ir a la casa porque no quería llegar tarde para que no me regañaras; nos salimos del bar y nos fuimos. Pero se pasó el crucero en lugar de darle para acá. Le dije que se había pasado y me contestó que necesitaba ir a su casa por algo. Yo no vi nada malo, éramos amigos. Mi única preocupación era que no se hiciera tarde porque no quería que te enojaras.

Ya en su casa él se bajó y pues yo le dije, bueno, en lo que haces tus cosas déjame entrar al baño y me dijo que sí. Cuando salí, ya estaba cerrada la puerta con llave y me dijo que si no me acostaba con él no me dejaría salir. Por un momento me resistí, pero finalmente accedí porque tuve miedo de que no me dejara salir».

Luego, la madre supo más detalles, de cómo el infeliz la jaloneó, la estrujó y la chantajeó emocionalmente. “Yo sabía que ella no era muy buena para manejar situaciones de estrés”, por lo que imaginó el miedo y frustración de su hija esa noche.

En ese momento las lágrimas fueron instantáneas en ambas, “la abracé y no sé de dónde me salió la voz, pero pronuncié un casi imperceptible «no sé qué decir».

Los siguientes días transcurrieron entre un torbellino de sentimientos y emociones encontradas en medio de las actividades cotidianas…

La revictimización

A las 8:56 de la mañana las dos mujeres –una de 44 años y la otra de 22- llegaron a al Centro de Justicia para Mujeres, tras una breve espera, a la 9:13 de la mañana se cerró tras de Lupita una puerta de madera que, según su madre, “parecía  que la llevaba a un nuevo estado de vida. Yo, desde una banca observé confiada en que ese mundo desconocido le traería la paz que había perdido hacía casi dos meses”.

Lupita entró sola, no le permitieron acompañante porque ya era mayor de edad.

Según su testimonio, la interrogaron sobre los hechos al menos tres veces ese día; luego tuvo que ir al IMSS a que la certificaran y le hicieran su expediente para justificar faltas a su trabajo, así como exámenes adicionales a los periciales.

Ahí, la médica que le dio la consulta le reprochó su decisión de querer interrumpir el embarazo, se negó a darle seguimiento y la envió con su superior, otra médica  que también la interrogó y le pedía detalles de todo. “Era como si dudaran de mí, como si porque fui a un bar yo soy una borracha”.

Sólo la trabajadora social mostró empatía y se limitó a hacer su trabajo sin juzgar ni preguntar ni reprochar.

Los días pasaban y con ellos la posibilidad de interrumpir el embarazo, difícil decisión que Lupita debió tomar, pues sentía que no era bueno, “pero no quiero ni imaginar lo que sentiré al verlo y más si se parece a él. Sé que no tiene la culpa, pero tampoco yo. Yo confié en él porque pensé que éramos amigos”, recuerda entre sollozos.

Finalmente un juez concedió “el permiso”  para interrumpir el embarazo. Su abogada acompañó a madre e hija a hacer las gestiones en el Hospital General; aún ahí, enfermeros y médicos la veían como “cosa rara”, la hacían sentir incómoda y también fue interrogada otras tres o cuatro veces más.

“Es como si quisieran saber cada detalle para estar seguros que yo no había provocado el ataque”, dice Lupita.

La denuncia no prosperó. Lupita ha tardado más de ocho meses en recuperar la confianza en sí misma, de salir con sus amigas y con amigos menos a pesar de la terapia psicológica que sigue.

 

Despenalización del aborto

El 7 de septiembre la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional la penalización del aborto en México entre protestas de organizaciones provida.

En tanto, en Zacatecas,  la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas en 2019 registró 291 denuncias de violación sexual; 245 en 2020 y en lo que va de 2021 la cuenta es de 200.

 

Carpeta de investigación 

Se omite el número de carpeta de investigación de este caso. LNZ tiene en su poder copia de documentos probatorios de la historia.

 

Año Denuncias de violación sexual 

2019 291

2020 245

2021 200