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Y fueron felices, ¿para siempre?
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Y fueron felices, ¿para siempre?

Por: Selene Ramírez Briones

Desde muy niña fui una romántica empedernida, siempre esperando el amor en forma de cuento y a un príncipe azul que me rescatara de cada situación incómoda o donde me sintiera vulnerable. Nunca fui una niña de muchos pretendientes, pero siempre idealizaba la llegada de un amor de cuento, no podía estar más equivocada.

Más adulta me fui dando cuenta de que los príncipes fueron más bien sapos y que no sólo me pasaba a mí, era un mal general. La idea romántica del amor me causó muchos pesares y ahora que la vida me presentó los conceptos de género veo claramente la gran farsa con la que fui criada.

Esta farsa es la más grande mentira de la historia, pues mientras yo, como miles de niñas y mujeres esperamos a un hombre bueno que nos rescate, lo que en realidad sucede es que la construcción social nos pone en una posición donde soportar abusos y violencia es lo socialmente aceptado, porque como en todo cuento o novela, se tiene que sufrir y soportar para lograr un final feliz.

No hay nada más falso, el amor no duele y el sufrimiento no nos hace merecedoras de algo bueno en la vida. Muchas mujeres viven pensando en que van a lograr una transformación de estos sapos en un hombre decente con base en el amor, lo que nos convierte en terapeutas, centros de rehabilitación u hospicios donde acogemos a hombres que reproducen violencia machista hacia las mujeres en su familia, con la muy penosa idea de que en algún momento esta situación se va a transformar en un final de cuento de hadas.

Esta idea, es un arma poderosa del machismo que ha trascendido siglos, donde las “buenas mujeres” se sacrifican por sus familias en nombre del amor, pero tenemos que replantear la forma en la que nos relacionamos con las personas. Dejando de lado la idealización de una relación amorosa, podemos darnos cuenta que la compatibilidad, la comunicación y la salud mental, son los pilares de la construcción de todo afecto sano, sin tener que ser víctimas nunca más.

Cambiar la educación y la cultura nos llevará a vivir en un mundo más igualitario, más seguro para las niñas y mujeres, por lo que la concepción de la idea del amor tiene que ir mutando para presentarse a las nuevas generaciones como algo mucho más digno, donde un acosador no sea bien visto sólo como un pretendiente insistente o bien, no se espere el cambio de un adicto o golpeador por un hombre bueno y decente, por el contrario, promover el amor propio y el cuidado emocional y físico de las personas, nos llevará tener como objetivo una la vida libre de violencia y la paz emocional.

Ahora entiendo de qué se trata, una relación de pareja debe ser equilibrada, consensuada y sin que existan jerarquías, ese es el verdadero amor, personas siendo libres y autónomas; que muera el romance y que viva la igualdad.