En la mira
¿Por qué sangran las encías?
Lo que tu boca intenta decirte

Para muchas personas, ver sangre al cepillarse los dientes es algo cotidiano. Se enjuagan, continúan con su rutina y el asunto queda ahí. Sin embargo, el sangrado de las encías no es normal. Es una señal de alerta que el cuerpo emite y que con frecuencia pasa desapercibida.
En condiciones saludables, las encías no sangran. Cuando ocurre de manera repetida, generalmente indica inflamación, un proceso conocido como gingivitis. Esta inflamación suele originarse por acumulación de placa dentobacteriana, una película invisible que se forma constantemente sobre los dientes y que, si no se elimina con una higiene adecuada, irrita los tejidos que los rodean.
Al inicio, la gingivitis puede parecer inofensiva: encías enrojecidas, ligeramente inflamadas y sangrado ocasional. El problema es que, sin tratamiento, puede avanzar hacia una etapa más severa llamada periodontitis. En esta fase se dañan las estructuras que sostienen los dientes, lo que provoca movilidad dental y, eventualmente, pérdida de piezas dentales. Lo que comenzó como un sangrado leve puede terminar en un problema mayor.
Pero las causas no se limitan a la higiene bucal. El sangrado gingival también puede relacionarse con cambios hormonales, como los que ocurren durante el embarazo o la adolescencia; con deficiencias nutricionales, especialmente de vitamina C; con el consumo de tabaco; y con enfermedades sistémicas como la diabetes mellitus. Además, ciertos medicamentos pueden favorecer el sangrado al alterar la respuesta inflamatoria o la coagulación.
Aquí aparece un punto clave: las encías pueden reflejar el estado general del organismo. En personas con diabetes mal controlada, por ejemplo, la inflamación gingival es más frecuente y más severa. A su vez, la enfermedad periodontal dificulta el control de la glucosa, creando un círculo que afecta tanto la boca como el resto del cuerpo. Algo similar ocurre con las enfermedades cardiovasculares, en las que la inflamación crónica juega un papel importante.
Ignorar el sangrado es perder una oportunidad de diagnóstico temprano. La boca ofrece señales visibles que permiten detectar problemas antes de que se conviertan en complicaciones mayores.
¿Qué se puede hacer? La prevención comienza con hábitos básicos: cepillado correcto al menos dos veces al día, uso diario de hilo dental, reducción del consumo de azúcares y visitas periódicas al odontólogo, incluso cuando no hay dolor. Ante sangrado persistente, la recomendación es clara: no suspender el cepillado, sino mejorarlo, y acudir a revisión profesional.
Cuidar las encías implica alfabetización en salud: reconocer señales, comprender la información y tomar decisiones informadas, entendiendo que su bienestar es clave para el equilibrio general del organismo.
La salud no se construye únicamente en los consultorios. Se construye todos los días, en casa, en la alimentación, en la higiene y en la atención oportuna de los síntomas. Las encías sangrantes son una invitación a mirar más allá del espejo y a asumir un papel activo en el cuidado personal.
Porque la sangre al cepillarse no es un detalle menor. Es un mensaje claro del cuerpo. Escucharlo a tiempo puede marcar la diferencia entre prevenir una enfermedad y tratar sus consecuencias. Al tiempo.
