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Luna Nueva

De verdad, ¿somos un Estado seguro?

Vivo en una colonia privada, donde se controla la entrada y salida de vehículos y transeúntes; desde hace aproximadamente 20 años los colonos -organizados en un comité-, contratan el servicio de vigilancia que conforme pasan los años ha variado su costo.

Adicionalmente, muchos de mis vecinos han invertido en rejas para sus ventanas y algunos hasta para las puertas, cámaras de videovigilancia, chapas de seguridad, han levantado altas bardas al frente de sus casas y algunos han puesto de esos alambres con púas filosas para evitar actos delictivos.

Todo ello sumado al gasto mensual de la seguridad; recientemente se invirtió en la compra e instalación de plumas eléctricas con el consecuente costo para su funcionamiento.

Si tomamos en consideración que vivimos en un fraccionamiento privado, que sólo tiene un acceso y por consecuencia una salida, con caseta de vigilancia con vigilantes y videocámaras, parecería ilógico que los colonos inviertan además en medidas de seguridad extra en sus propias casas.

Sin embargo toda medida extra que desde sus posibilidades cada vecino pueda agregar en cada vivienda, parecería poca ante la percepción de inseguridad que “se respira en el aire”, a pesar de los discursos oficiales. 

Todas las medidas de seguridad que se toman en mi colonia son la prueba de que nadie se siente seguro en “el estado más seguro del país”, o al menos esa es la percepción, palabrucha reiteradamente usada por en la narrativa oficial para aminorar el impacto de encuestas propias.

Para el gobierno, no importa si es estatal o federal, la inseguridad es sólo el crimen organizado y los delitos llamados de alto impacto que estas organizaciones cometen u otros delincuentes de poca monta haciéndose pasar por integrantes de “la maña”.

Si no es así, al menos es lo que parece, pues alardean de la disminución de homicidios dolosos ignorando campantemente las otras “preocupaciones” de la ciudadanía, como robos y fraudes, por ejemplo. 

Las cifras de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) aunque no me parecieron ilógicas, no las había sentido tan reales y cercanas como cuando en mi colonia se hizo una junta vecinal ante los constantes robos de los que ha sido víctima algunos vecinos. 

Los amantes de lo ajeno brincan las bardas, relativamente bajas, para entrar al fraccionamiento por la parte de atrás, entran a las casas y se llevan lo que pueden, incluidas las tuberías. 

Con el pretexto de que es “una privada” no hay rondines de vigilancia ni esporádicos ni constantes, sencillamente la policía municipal no entra a la colonia, por ello, es que los vecinos como ciudadanos sin gobierno -a pesar que la mayoría sí paga el impuesto predial- deben hacer lo que se pueda para evitar al menos los robos.

Se acordó que se levantarían las bardas, con costo a cada vecino, que ya haciendo presupuestos, el pequeño “arreglo” no sale más barato de 10 mil pesos entre materiales y mano de obra.  

Fue entonces que vi y sentí reales las cifras del ENVIPE 2025 que dan cuenta que durante 2024 la inseguridad y delito costó a los zacatecanos 2.2 mil millones de pesos; en 2020 por esos mismos conceptos se pagaron 1.7 mil millones de pesos en el Estado, según estadísticas del Inegi.

De acuerdo con la ENVIPE, históricamente, la mayor afectación (49.3% en 2020 y 55%  en 2024) ha sido en pérdidas económicas a consecuencia de los delitos, seguido por el desembolso en medidas preventivas (47.6% en 2020 y 42.7% en 2024).

En mi colonia muchos hemos sido víctimas de robo, me incluyo con dos eventos en diferentes épocas; en ambas ocasiones los ladrones entraron sin importar las medidas de protección que he puesto y en ambos casos sólo se llevaron dinero y algunas alhajas.

Una vecina, que recién había dado a luz a su primogénita, se llevó el susto de su vida cuando, estando ella en su casa, los ladrones entraron y se llevaron cuanto pudieron… el colmo fueron unos antiguos vecinos a los que literalmente les vaciaron su casa con mudanza en forma. Ni una muda les dejaron.

Entonces, sí se paga muy caro la inseguridad. 

Con los datos que arroja la ENVIPE se estima que la baja en el porcentaje destinado a medidas de protección preventivas en los domicilios particulares de 2020 a 2024 se debe a que hay gasto previo en ese tópico; sin embargo, las cifras evidencian que en Zacatecas el gasto para mantener la seguridad en los hogares continúa siendo alto. 

Entre las medidas preventivas en 2020 encabeza la lista, con 25%, cambiar o colocar cerraduras y/o candados, 18.5% cambiar puertas y ventanas, 11.9% colocar rejas o bardas, 6.1% realizar acciones conjuntas con sus vecinos, 5.4% comprar un perro guardián y 6.5 en otras medidas.

En 2024 cambiar o colocar cerraduras y/o candados representó un 22.9%, cambiar puertas o ventanas el 18%, colocar rejas o bardas 12.2%, acciones conjuntas con los vecinos 9%, comprar un perro guardián 2.6% y otras medidas 14.2 por ciento.  

La ENVIPE estima que durante 2024, en el estado de Zacatecas, se denunciaron 9.1% de los delitos (en 2023 esta cifra fue de 11.2 %), de los cuales el Ministerio Público o Fiscalía estatal inició una carpeta de investigación en 63.5 % de los casos (en 2023 esta cifra fue de 77.2 %). 

Pero no todos los delitos se denuncian, pues permea la desconfianza en las autoridades y se arguye también pérdida de tiempo porque ni se recuperan los objetos robados ni se aprehende a los delincuentes y por miedo a represalias.

Mi opinión no es muy alejada a la realidad, de acuerdo con la ENVIPE en Zacatecas no se denuncian los delitos porque se cree que es pérdida de tiempo (30.2%) y por desconfianza en la autoridad (12.2%).

Lo escandaloso es que la cifra negra en Zacatecas en 2024 fue de 94.2%, es decir, sólo seis de cada 100 delitos se denuncian, del resto no hubo denuncia o no se inició una carpeta de investigación. 

Con semejantes datos oficiales (Inegi) y aterrizados a mi colonia, me queda más que claro que no, Zacatecas no es el estado más seguro, no tenemos ni siquiera a la policía municipal cuidando nuestra colonia -situada en Guadalupe-, sencillamente, estamos a merced de los delincuentes que el Estado no ve o no cuenta, mientras hacen de las suyas a costillas del ciudadano común.

Entonces ¿cómo es que mide el Gobierno la seguridad de sus habitantes? Y eso que no hablé de desapariciones forzadas ni fraudes…