El poder de la palabra
En alguna ocasión leyendo a Berth Hellinger, creador del método terapéutico denominado constelaciones familiares, encontré que las personas que asisten a terapia en la necesidad de sanar, necesitan tan sólo una palabra para hacerlo y que el trabajo del terapeuta era encontrar esa palabra al entrar en “el campo”, esta expresión debería, justamente, ser una palabra que brinde realidad y tranquilidad a la persona.
Sigmund Freud legó una frase, al respecto de la importancia de las palabras, él decía: “la ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador como lo son unas pocas palabras bondadosas”; Louis Hay, por su parte, decía que “las palabras forman los cimientos sobre los cuáles se construyen nuestras experiencias. Dedicarles nuestra atención significa comenzar a transformar nuestra vida”, en su libro Tú puedes sanar tu cuerpo, habla sobre el merecimiento y pone sobre la mesa justamente preguntarnos sí nos sentimos merecedores; algunas de las frases de éste libro son: “Me merezco todo lo bueno de la vida, no sólo un poco, sino todo lo bueno” y lo encauza en merecer la salud, el amor, la prosperidad, entre otros.
El poder de la palabra ha sido utilizado por otros terapeutas en sus métodos de diversas maneras, como por ejemplo en la oración de la Gestalt de Fritz Perls que versa: “tú eres tú y yo soy yo, yo no he venido al mundo a cumplir tus expectativas ni tú las mías, si en algo coincidimos buena razón, si no nada puede remediarse, porque tú eres tú y yo soy yo, falto de amor a mi cuando por complacerte me traiciono y falto de amor a ti cuando quiero que seas como yo quiero…”, o el en el método hoponopono del doctor Len con sus palabras “lo siento, perdóname, gracias, te amo”, quién fuera capaz de sanar pacientes de un pabellón psiquiátrico sin conocer sus pacientes.
Es entonces, la palabra la que permite instaurar la verdad en la mentira, como decía Lacan y el vehículo apropiado para vivir con mayor plenitud.
Lo anterior nos encauza a la reflexión profunda de cómo nos hablamos a nosotros mismos y el discurso constante que nuestra mente nos dicta; las voces internalizadas de nuestros padres, tanto en lo positivo como en lo negativo o las percepciones erróneas derivadas de impresiones de nuestra infancia.
Muchas veces, usamos palabras para ser catastróficos, culparnos, infravalorarnos, insultarnos, etc., decirnos frases como: “soy un tonto”, “no podré lograrlo”, “soy insuficiente”, “no merezco”, “soy mala persona”, “nunca hago nada bien”, “no tiene caso intentarlo”, “siempre pierdo”, “tengo mala suerte”, “es mi culpa que se enfaden”, etc. mismas que podríamos cambiar por otras contrarias como: “soy capaz”, “puedo lograrlo”, “soy suficiente”, “cuido de mi”, “me amo como soy”, “lo intentaré”, “merezco lo bueno de la vida”, “me perdono porque siempre he hecho lo mejor que puedo de acuerdo a mi nivel de consciencia en ese momento”, “nadie pudo hacerlo mejor que yo”, etc.
Es mi anhelo que esto brinde algo de información y calma a sus vidas y existencia.

