Puesteros inconformes
Jesús Domínguez Cardiel
El orden de las ciudades es una de las preocupaciones más recurrentes de las autoridades; en contraparte, los comerciantes también deben buscar el espacio para realizar la venta de sus productos, pues es su forma de vivir y trabajar.
Viajando al pasado, entre el 9 de diciembre de 1808 y el 22 de junio de 1809 se llevó a cabo una pugna entre las autoridades del Ayuntamiento de Zacatecas y los puesteros de la plaza principal de la ciudad; cabe la pena recordar que se encontraba en el espacio que hoy ocupa el famoso Mercado González Ortega.
De esta manera, imagínese usted que en aquellos años, la plaza era un gran espacio que por ocasiones se llenaba de puestos y más parecía un mercado que una explanada, ante ello y de acuerdo con las disposiciones y legalidad de la época se decidió moverlos a otro espacio.
La plazuela de San Agustín (hoy Miguel Auza) fue el espacio destinado para el reacomodo de los puesteros. Consta en algunos documentos del Archivo Histórico del Estado de Zacatecas que se movieron, aunque no del todo conformes a su nuevo establecimiento.
En consecuencia, Feliciano Medina y Francisco Torres como apoderado del gremio de puesteros enviaron un comunicado al ayuntamiento y al teniente letrado e intendente interino José de Peón Valdés, en el que indicaron los problemas a que se enfrentaron en la plazuela de San Agustín.
Algunos de ellos: la marcada pendiente que ante los escurrimientos inundaba sus cajones y en sus propias palabras: “en este lugar no sólo hemos carecido de aquellas ventas regulares, sino que antes bien hemos sufrido varios robos, porque como estamos en una plaza que respecto de la mayor debemos llamarla extramuros y que en efecto carece de la guarnición de aquella, han logrado los malvados oportunidad de forzar las puertas y llaves de nuestros dichos cajones de lo cual podrá ser buen testigo el señor Regidor Don José María Joaristi”.
Por lo tanto, tuvieron que pagar velador que ayudara a proteger sus mercancías, pues eran mayores las pérdidas que las ganancias por todos los problemas antes dichos. El ayuntamiento encabezado por Peón contestó que por la necesidad de tener la plaza mayor despejada y bien arreglada debían quedarse en San Agustín. Los puesteros sólo contestaron que lo oían y pidieron entregar el expediente a Francisco Torres, su apoderado.
Posteriormente, el gremio y Torres continuaron el litigio y finalmente el ayuntamiento y Peón permitieron que a partir del 22 de junio de 1808 se regresaran a la plaza mayor, para ello también les construyeron cajones nuevos y más remozados.
De esta manera se puede constatar que el uso de los espacios públicos ha tenido constantes ocupaciones por los comerciantes, sin embargo, en la ocasión que ahora se refiere, los puesteros lograron su cometido. ¿Qué pasará este año en la Plaza Bicentenario?

