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Impuestos para el maíz
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Impuestos para el maíz

Jesús Domínguez Cardiel 

Corría el año 1790 y la aplicación de la Real Ordenanza de intendentes comenzaba a modificar de manera sustancial las inercias de las gobernaciones anteriores, el objetivo era optimizar los recursos y mejorar la administración de las provincias a la vez que se saneaban las finanzas regias.

    Felipe Cleere, como primer intendente de Zacatecas, inició el citado proceso y una de sus acciones fue expedir y hacer circular un bando en el que se ordenaba que los introductores de maíz principalmente, pagaran la cantidad impuesta por Cleere, pues conviene precisar que anteriormente no existía una cantidad fija para los comerciantes.

    Además, en años anteriores y aun en ese momento, la región atravesó un periodo de sequía importante en la que los granos escasearon, por tal razón los precios se elevaron y aquellos comerciantes y consumidores se vieron afectados.

    Entonces el 14 de septiembre de 1789 el ayuntamiento, conjuntamente con el intendente decidieron emitir un bando en el que se fijara que todos aquellos introductores que llevaran maíz al pósito (alhóndiga) de la ciudad, pagaran una cantidad justa según ellos y la legislación de la época.

    Así, según el propio bando y Cleere, el 19 de ese mismo mes se decidió publicar el citado documento, el cual, aunque la escasez ya había mermado y casi terminado y los vecinos de la ciudad no tenían que padecer los estragos de esto, permitió comenzar a establecer reglas hacendarias que beneficiaban en varios sentidos a la población.

    Algunos provechos fueron: evitar la falta de maíz pues era, y como continua siendo, la base de la alimentación regional; también controlar los costos del grano y dar seguridad de que entraría al pósito para ser comerciado; pero sobre todo, para dotar a la provincia de una nueva administración enfocada en tener lo necesario y no enriquecer sólo a la élite, sino que quedara en las arcas públicas y fueran utilizados en bienes materiales, pero sobre todo, en busca del buen gobierno de Zacatecas.

    Esos eran los mandatos y obligaciones del intendente pero saber si se aplicó a pie juntillas, requiere por supuesto, de un estudio mucho más amplio, sin embargo, este bando que por fin se publicó y circuló por toda la ciudad y las subdelegaciones hasta el 13 de noviembre de 1790, indica que hubo intentos por mejorar las condiciones de vida, ya no sólo de las élites, sino de otros sectores de la población y así mantenerlos productivos.

En otras palabras, contrario a lo que se maneja en la historia oficial, una de las causas que generó el descontento criollo que detonó el movimiento insurgente, fue que no se permitió el abuso y enriquecimiento de la élite criolla novohispana. Claro, los españoles tampoco fueron unas blancas palomitas.