Agoniza lentamente Juan; el tabaco lo asesinó
LUCÍA DINORAH BAÑUELOS
FOTO: CORTESÍA
GUADALUPE, ZAC.- Juan tenía 6 años cuando, como juego, sus hermanos mayores y sus primos le acercaban a los labios sus cigarros encendidos. Les causaba gracia a todos y le decían cómo darle “el golpe”.
Su madre no ponía mucha atención, siempre estuvo perdida en el alcohol; sumida en una aguda depresión tras el abandono de Juan, el padre.
Al transcurso de los años, ya adolescente Juan, por su cuenta empezó primero a robar cigarros a sus hermanos o a su madre. Después de desertar de la secundaria y que empezó a trabajar, empezó a comprar sus propios cigarrillos.
“Nunca falta quien te ofrezca uno si no traes (cigarros). Me acuerdo que al principio tenía ascos y me mareaba, pero no quería quedarme atrás, ¡qué jodidos equivocados estamos! ”, dijo.
“Y en la peda pos más, siempre se antoja echar humo con empinándose una bien fría. También fui borracho, pero más fumador. El pisto nomás cada ocho o 15 días, el cigarrito todos los días”, explica Juan al tiempo que expone que llegó a fumar hasta cajetilla y media en un día.
Actualmente Juan tiene 32 años, ya no fuma y aunque es joven aún, en plena edad productiva, no puede trabajar, pues su salud es precaria. Tiene enfisema pulmonar.
“Uno oye pláticas de que vienen males con el cigarro, que el cáncer, que el enfisema, que bla, bla, bla, pero uno piensa que nunca le va a pasar a uno. Yo veía que mis hermanos Horacio y Joel fumaban y andaban bien. Lo veía como algo normal”, relató Juan sumido en un sillón, del que no se puede levantar porque está conectado a un tanque de oxígeno.
Su enfermedad se agrava porque tiene un crecimiento anormal del corazón y la sangre muy espesa, así que le deben hacer lo que llama “sangrías”, según explica, un procedimiento mediante el cual le extraen cierta cantidad de sangre para que pueda circular.
Juan forma parte de las estadísticas del Centro de Integración Juvenil que dan cuenta que cada vez es a menor la edad en que las adicciones hacen presa a niños y niños; de los que 84% consumen alcohol y 74% tabaco.
“Ya no valen arrepentimientos”, respondió a pregunta expresa, “ya nos tocó acabar así y pues ni pex. Ojalá lo que escriba sirva de ejemplo para otros. Tengo dos hijos y espero que sólo por verme cómo me está llevando la chingada, cuando crezcan nunca agarren el vicio”.

