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Seis consejos que recomiendan los fisioterapeutas para correr por la playa
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Seis consejos que recomiendan los fisioterapeutas para correr por la playa

Alejandro Quintero 

 

Correr es una de las opciones deportivas más asequibles y fáciles de practicar, pero hay que tener en cuenta algunos aspectos para evitar lesiones.

 

Se acercan las vacaciones  y mucha gente de México acude a las playas a pasar sus fiestas navideñas. 

 

Las personas que practican este deporte no suelen parar durante vacaciones, pero muchas cambian su escenario habitual (asfalto o campo) por la arena de la playa. Sin embargo, ponerse los tenis y salir a correr tiene sus riesgos.

 

La práctica de este deporte  es una de las opciones más asequibles y fáciles de practicar, pero hay que tener en cuenta algunos aspectos para evitar lesiones.

 

Tenemos que advertir que aunque estar descalzo en la arena de la playa es un placer, es desaconsejable para correr e incluso para caminar largas distancias. Ya que se pudo ver que existe una mayor insistencia en personas que se lastiman en este tipo de lugares y no pueden disfrutar de un tiempo en familia.

 

Estos son algunos beneficios para el ser humano:

 

  • Mejora los sistemas cardiovascular y respiratorio
  • Ayuda al control de peso
  • Fortalece el sistema locomotor, tanto huesos como músculos
  • Aumenta la autoestima
  • Favorece la eliminación de la ansiedad y del estrés
  • Tonifica a nivel general
  • Sensación de bienestar gracias a la descarga de endorfinas

 

A pesar de estos beneficios, se trata de un deporte de impacto que puede causar lesiones en las articulaciones de la cadera o de las rodillas y también es poco recomendable en personas con enfermedades cardiorrespiratorias graves.

 

Es por eso que aquí te recomiendo estos consejos para evitar posibles lesiones en la playa.

 

Calentar: es necesario siempre que se va a practicar deporte y todavía más para quienes no tengan la rutina de correr.

 

Adaptación progresiva: hay que adaptar de forma paulatina el pie y el tobillo a la arena y a sus distintas cualidades, frente a soportes como una pista, el asfalto o los caminos rurales. 

 

Buscar un suelo compacto: la arena de la playa no está tan compactada como otras superficies. Ese bajo nivel de compactación de la arena aumenta el impacto de la carrera sobre el sistema musculoesquelético en comparación con otras superficies, como un camino de tierra, por ejemplo. En este sentido, es más recomendable correr por la orilla cuando ha bajado la marea; la arena está mojada y más dura en esa zona.

 

Evaluar el desnivel: las playas tienen desnivel, lo que obliga a una de las piernas a hacer un sobreesfuerzo para compensar la inclinación. Hay que evitar playas con mucha pendiente.

 

Cuida dónde pisas: también es importante tener en cuenta que en todas las playas, por fina que sea la arena, suele haber conchas, piedras o restos de madera que pueden dañar el pie. Por eso no se debe correr (ni pasear) descalzo, que favorece que los runners puedan sufrir cortes o heridas. Menos aún, correr descalzo en una playa de piedras.

 

Elegir bien el calzado: es recomendable correr con unos tenis deportivos y no hacerlo ni descalzo ni con chanclas. Ni siquiera para un largo paseo. Mejor con unas sandalias con tiras que sujetan el pie.

 

Recuerda que el pie y los tobillos son los que mayor riesgo de lesión tienen si no se cuida la forma en que se corre en la playa. Pero los problemas pueden extenderse en función de la persona, su estado de forma y predisposición a cuestiones más serias que afecten a otras partes de las piernas y de la columna.

 

Una de las lesiones más frecuentes es sobrecargar el tendón de Aquiles, lo que aumenta la probabilidad de sufrir fascitis plantar, una inflamación del tejido fibroso que une el hueso del talón con los dedos de los pies (la fascia plantar). Es una de las causas más frecuentes de dolor en el talón y de consulta en las clínicas de fisioterapia.

 

También pueden aparecer como consecuencia de correr descalzo por un terreno irregular como la playa problemas lumbares, esguinces, periostitis tibial (dolor en la parte interna de la tibia) o fracturas por sobrecarga.