A 16 años del milagro de El Pana
Orejas y rabo
Carlos Saucedo Medrano
curromedrano05@gmail.com
Cada que se llega un día 7 de enero brota en los aficionados a la fiesta de los toros el recuerdo de una tarde memorable: las dos faenas que Rodolfo Rodríguez, El Pana, realizó a los toros Rey Mago y Conquistador de la Ganadería de Garfias, en lo que se suponía iba a ser su corrida de despedida de los ruedos allá en el año 2007.
Aquella corrida que se llevó a cabo en la Monumental Plaza México despertó el interés de muchos aficionados que siguieron de cerca la carrera de Rodolfo desde que este era novillero. En esos últimos años de la primera década del nuevo milenio, la fiesta de los toros en México se adentraba en un bache marcado por la nula renovación de la baraja taurina nacional y la escasez de público durante la temporada grande; no obstante, la celebración de festejos taurinos en provincia se mantenía en cifras mayores a las que en la actualidad de registran.
El Pana llegó a su tarde de despedida con dos festejos toreados en la temporada 2006. Y es que para nadie es un secreto que Rodríguez estuvo marginado por las empresas y por muchos toreros importantes. Quizás el gran pecado del tlaxcalteca fue irse de largo en la lengua con muchos actores importantes de la fiesta brava que ordenaron la no inclusión de Rodolfo en ferias y seriales de la República. Aunado a ello, el alcoholismo férreo lo mantuvo mucho tiempo en grupos de recuperación.
Así era la vida de El Pana. Un bohemio que, como bien lo decía el periodista Mauricio Locken, fue extraído de la mítica novela Más cornadas da el hambre de Luis Spota. Justo todo ese andar como torerillo en plazas de pueblos, sumado a las duras vivencias adquiridas, tuvo desfogue en las magistrales faenas mencionadas. El periodista Heriberto Murrieta lo narra así en su libro Vertientes del toreo mexicano:
“En aquella tarde, El Pana entró en trance y tuvo al fin su momento de gloria. Se fumó un puro como Garza, recostó la cabeza como Procuna y alargó el trazo como Capetillo; pero logró advertirse en él, el milagro de la identidad propia”*.
El milagro suscitado se acreditó con las reacciones posteriores: una llamada de Felipe Calderón, entonces Presidente de la República, para felicitarlo; su presentación en España haciendo mancuerna con Morante de la Puebla, y un número importante de contratos en ese año 2007. Un auténtico campanazo que vino a revitalizar la vida misma del torero y la de la fiesta nacional.
Ese fue el gran aporte de lo realizado por El Pana aquella tarde: que se hablara de toros en todas las esferas sociales del país y en los círculos políticos, de opinión pública e intelectuales. Estos últimos intrigados por el célebre brindis a las mujeres de la vida galante que Rodolfo pronunció ante las cámaras de televisión antes de lidiar a su segundo toro de aquella función.
Sirvan pues estas líneas para que no pase desapercibida la efeméride y para invitar a todas y todos quienes se toman el tiempo de leernos; que revivan aquellas sublimes escenas.
*Heriberto Murrieta (2007). Vertientes del toreo Mexicano. Editorial Magno

