Los retratos de los “Héroes Independentistas”
Rara avis: Letras, arte y cultura novohispanas
Salvador Lira
El concepto de “héroe” en la narrativa de la memoria histórica de México se ha transformado en razón de la línea historiográfica, así como de las distintas proyecciones que plantean las asociaciones y debates en torno a la verdad histórica. En efecto, ya el sólo concepto de “heroísmo” infiere en la concepción de todo un sistema de valores, que incide en la proporción misma de la idealización del individuo, la sociedad y la trascendencia.
En la proyección de un Estado, tales figuras sirven para dar legitimidad y coherencia al aparato del poder. En ese tenor, se pueden entender las necesidades de consolidar los calendarios cívicos, como espacios de la memoria, enfocados hacia “un ideal”, así como la edificación de las “Rotondas de Hombres Ilustres”, cuales panteones que eternizan el sentimiento e ideal.
Las representaciones pictóricas de los “héroes” siguen el modelo del retrato de Estado, si bien idealizado desde el Medievo, sí consolidado en la Edad Moderna, fundamentalmente con la oleada abierta por Tiziano. El doble cuerpo del rey (o soberano), en la línea de Kantorovich, inciden en exaltar las alegorías y miradas que representan los “héroes”, antes que visibilizar su corporalidad. De allí que importe más el discurso inmerso en los retratos, que su “realidad” expresada.
El mencionado punto es característico sobre todo en los retratos de los “Héroes Independentistas”. De Miguel Hidalgo, por ejemplo, si bien existe un gran número de testimonios pictóricos, no se cuenta con uno que haya sido realizado en la época teniéndolo a él como “modelo”. Es decir, lo que se cuenta son una serie retratos con la función alegórica de representar ideales del Estado.
El caso de José María Morelos y Pavón es más interesante. Se cuenta con un sólo retrato, en el que él mismo fue el “modelo”. La pieza se encuentra en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, ca. 1812. Es una pintura de caballete, de 93.3 cm de alto por 81.2 cm de ancho, en el que se observa el origen mulato del insurgente. Con todo ello, es más notorio los tipos iconográficos que dan sentido al retrato, cual jefe militar en el título que se inscribe en la leyenda de abajo: “Capitán General de los Ejércitos de América, Vocal de la Suprema Junta y Conquistador del Rumbo del Sud.” La vestimenta es militar, en tonos rojos, negros y dorados, ostentando una cruz dorada en el cuello. En la mano derecha sostiene un bastón de mando. En la cintura, porta una espada, con un detalle solar en una de las ranuras. El conjunto responde a la tradición pictórica del poder, de amplia tradición en la Monarquía Católica. A manera de heraldo, el retrato es blasonado con el águila tenochtitlana coronada, encima del nopal. En las esquinas inferiores, hay monedas distintivas de la Suprema Junta, así como un arco y flecha.

Anónimo indígena oaxaqueño, José María Morelos y Pavón, 1812, Museo Nacional de Historia

