“El trabajo es mi alegría y mi eterno entretenimiento»: Sergio Corona
- A los 95 años, el primer actor desafía la idea de la jubilación, encontrando en su carrera la fuente de vitalidad y dicha que, junto a la moderación y entrega, le han guiado desde niño
EL UNIVERSAL
FOTO: CORTESÍA
CIUDAD DE MÉXICO.- Tener 95 años, es decir, estar a cinco años de cumplir un siglo de edad, le ha dotado a Sergio Corona de mucha sabiduría de vida. Él sabe, por ejemplo, que eso de la jubilación es un fraude:
“Una persona mayor de 50, de 60 años, piensa que ya se quiere jubilar, que se irá a su casa a descansar, a oír su música y leer. ¡Mentira! ¡Qué va a descansar!”, dice en su tono bromista característico.
“No. Tiene que lavar trastes, barrer banquetas, regar plantas, atender. Si está oyendo la radio, su esposa le dirá: ‘cámbiale porque ya va a empezar la telenovela’. Para mí el trabajo es alegría, entretenimiento, mi necesidad de hacer algo y no estar en la casa metido”.
Este 2023 el primer actor celebra más 75 años de carrera en los que se ha desenvuelto en distintos rubros dentro de la televisión, el cine, el teatro, las giras, y en tonos dramáticos, comedias, humor y, claro, albures. Hoy es el titular del programa unitario de Televisa, Como dice el dicho.
Reflexiona sobre sus andanzas de vida que lo posicionan como el histrión en activo más longevo de la televisión mexicana.
¿Cuál es el secreto de la longevidad y para verse tan bien?
No abusar de nada, nunca he probado una droga, nunca he faltado a mi casa por borracho. Sí hubo una época donde me tomaba una cubita o dos pero más no, nunca. Mi gran amigo El Loco Valdés, él se ponía unas guarapetas; fue mi gran amigo y otros muchos. Pero no he abusado y he respetado mis compromisos, he cumplido.
¿Le tiene miedo a la muerte?
Depende de cómo venga. Sí tengo miedo que de repente me encuentre en una balacera y me toque un balazo. Si escucho que alguien está balaceando o algo sí me escondo o me voy a otro lado. Pero sí, hay que tenerle miedo.
¿Qué se siente ser el actor con mayor edad en activo?
Soy un agradecido a la vida y qué bueno que he tenido esa suerte. Ahora ya no estoy tan bien, eh. Ya me cuesta trabajo caminar, estar parado mucho tiempo ya no puedo. Y mira, estoy con lágrimas, la luz fuerte me molesta, no puedo ver, les tengo que decir a los fotógrafos que no me echen la luz así (directa) porque sale agua, no… lágrimas en la vista. Y bueno, está María Victoria, que es un año mayor. No sé si le lleva Las mañanitas a la Virgen todavía.
¿Qué consejo le puede dar a las nuevas generaciones?
Mi papá fue secretario de estudio y cuenta en la Suprema Corte de Justicia, fue una persona inteligente, bien preparada. Fue un señor que me dijo que fuera puntual, respetuoso, cumplido y que cuando tenía yo que hacer algo, que no hiciera gestos ni que me quejara, sino que ya sabía que lo que tenía que hacer tenía que hacerlo con gusto y terminarlo lo más pronto que se pudiera, sin hacer trampas ni nada, sino hacerlo.
¿Cuál fue su primer trabajo?
Mi padre me dijo desde muy chico que aparte de estudiar, trabajara. Lo hice a los 9 años en la zapatería El Borceguí, ahí empezando a colocar los zapatos que no compraban, meterlos en sus cajas, en el lugar que les correspondía, de repente llegar a barrer el pórtico y a levantar la báscula, que me gustaba porque me encontraba 5 centavos de alguien que perdía su moneda al pesarse (risas).
¿Cómo era de adolescente?
Muy activo. Jugaba futbol y aprendí a jugar golf, que es maravilloso, también aprendí béisbol, pero el golf debería nombrarse el rey de los deportes. Tenía 19 años, no soy zurdo pero como baile le daba preferencia a la pierna izquierda bastante bien.
¿Cómo le gustaría ser recordado?
Me gustaría dejar algo útil que sirva para algunas personas que quieran ser actores o que quieran estar en un show o algo parecido; que piensen ‘nombre, acuérdate de Sergio Corona’, algo así, que me tomen como base, y puede ser porque la verdad me ha ido bien, he sido respetuoso con mi trabajo. He tenido muy buenos trabajos, en ninguno he fallado, he tenido fracasos, pero nada me detiene.

