Inflación ayer, hoy y mañana
IVÁN LÓPEZ
Todos los días nos enfrentamos a la inflación, esto es, al aumento de precios. Por ejemplo, como cada fin de año, las frutas y verduras se fueron por las nubes: cebolla, chile poblano tomate verde –tomatillo para los cuates–, la zanahoria y hasta el azúcar tuvieron aumentos superiores al 40%, y otras cosas más, pero la cuesta de enero y la dificultad para comprar va a provocar el descenso de los precios, ahora sí de a deveras, no como las «promociones» fakes del Buen Fin.
Pues entre las cosas que van a influir en el aumento o no de los precios en nuestro país, la mayoría viene de afuera: El próximo jueves se espera el informe de la inflación en Estados Unidos, que estará vinculado a un buen indicador del comportamiento de la Reserva Federal –o sea, el equivalente al Banco de México gringo– respecto a las tasas de interés, que la mayoría prevé, o más bien, desea, que tiendan a la baja para marzo, casi a la vuelta de la esquina, pero no todo está dicho, aunque hay señales. El pasado viernes se dio la información sobre el comportamiento del empleo formal fue alentadora y permanece sólido. Además, hay optimismo en que la inflación tenderá a la baja durante 2024.
Como pollito de colores, el mal llamado “súper peso» del 8 de enero rebotó y feo, y para este martes nuestra moneda se convirtió en la moneda más devaluada a nivel mundial durante ese día, pese a que en los hechos aún no supera el límite mental de los 17 pesos por dólar. Pero precisamente el fortalecimiento de la moneda del vecino, la relativa baja del euro –grábense ese dúo dinámico dólar/euro, que de ambos depende el valor del peso– y los resultados inflacionarios dudosos en nuestro país, harán que el sueño dure poco.
La inflación en México en 2024 se estima que estará al 3.9% anual, a espera de datos para confirmar, cumpliendo con la meta anual que estableció el Banco de México, que es necesario recordar, es autónomo.
Ni siquiera el previsible aumento del precio del petróleo parece alentar a nuestro peso así, a secas, en 2024, pero si el crudo permanece a la alta, agárrense que vamos a tener una inflación muy fuerte y difícil de parar. Así que ni tanto que se queme al santo, ni tanto que no se le alumbre, pero ninguno de los dos depende de nosotros: Somos tan pobres que ni siquiera somos capaces de generar nuestras propias crisis, aunque algunos gobiernos se esfuerzan mucho en esto último, gastando más de lo que tienen y espantando a la inversión.

