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Luis I, un rey solar
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Luis I, un rey solar

Rara Avis: Letras, Arte y Cultura Novohispanas

 

Salvador Lira

Durante la Edad Moderna, la representación de los soberanos en la Monarquía Católica en muchos casos fue a través de la imagen solar. Como ya varios autores han mencionado, entre ellos Víctor Mínguez y su libro Los reyes solares…, esta forma de configuración simbólica pretendía múltiples senderos interpretativos, entre la organización espacial, la divisa declarada del rey, así como las asociaciones entre la representatividad del tipo de astro y su significado.

 

Por supuesto, tales formas de simbolizar pasaron por múltiples arbitrios y sentidos. En principio, en el transcurso de los siglos XVI y XVII, los debates entre el geocentrismo y el heliocentrismo por supuesto modificaron en perspectiva la valoración y formas de pensar referente al uso del simbolismo solar y el monarca. Lo mismo atañe, también, por otro lado, los posicionamientos en cuanto a la forma de propaganda regia que, en sí mismo, el soberano procuraba. A su vez y, en consecuencia, la manera en cómo las élites patrocinadoras contribuyeron a consolidar y afianzar, porque si bien el sol es la imagen central, había una acción natural en cuanto quién pudiera reforzarse como el Mercurio o el Marte de todo ese sistema astrológico. 

 

Un caso particular es el del monarca Luis I. Cierto es que su forma de representación es breve, en la medida de la brevedad de su gobierno. Con todo ello, su representación en gran medida fue astrológica. En la Nueva España se encuentran múltiples representaciones en este sentido, desde el célebre Llanto de las estrellas… de José de Villerías, el túmulo en el Santo Oficio en el que colaboraron Cayetano de Cabrera y Quintero y Pedro Ramírez del Castillo, o bien meses antes la jura real y el certamen universitario ideado por éste último y descrito por Cristóbal Ruiz Guerra Morales, Letras felizmente laureadas…

 

En Zacatecas, se cuentan también con representaciones de carácter solar. Por supuesto se encuentra el obelisco ideado por José Rivera de Bernárdez, en sus nupcias con Luisa de Orleans. Destáquese también el Sermón panegírico que en la sumtuosa celebridad… (1725) del bachiller José Barcbachao y Zorrilla predicado en Zacatecas por sus nupcias, que justo inicia con un tema solar: 

 

“¡Qué hermosa consonancia la de los Astros! ¡Qué variedad vistosa la de los Cielos! ¡Qué harmonioso concierto el de los Planetas! Gira el Sol de polo a polo: muévense los Planetas de día a día y corren los Astros de Cielo a Cielo. Pero pregunto: ¿esta comparada variedad logrará orden, hermosura? ¿Estas vistosas vueltas y revueltas del Sol tuvieran, sin concierto, belleza? ¿Estos hermosos giros de los Astros robarán sin uniforme luz, las acciones¡ Cierto que no, porque la harmonía de los Astros, la hermosura de los Planetas, lo vistoso del sol, logra su lucimiento en el orden, tiene su permanencia en el concierto, goza perpetua su admirable hermosura en lo ajustado: pues si de signo en signo vagueará el Sol sin modo, sin concierto, todo su brillante ropaje enlutará con sombras; si de constelación en constelación corrieran sin orden, los Planetas, se convirtieran en tenebroso Padrón del escarmiento, los argentados signos de la Esfera, si del Cielo a cielo pasaran atropados los Astros, más parecieran turbulentos pupilos de la noche en lucientes centinelas del dormido Sol.”

 

Bajo esta forma introductoria, el sermonista explica que esa “Paz celestial” sólo puede llegar a ser posible con la estabilidad del Príncipe en su matrimonio con Luisa de Orleans. Así, Paz entre España y Francia, orden y luz para el rey Católico.