Las notas de la reapertura
Carlos Saucedo Medrano
curromedrano05@gmail.com
Domingo 28 de enero de 2024: una fecha que se convirtió en histórica gracias a la afición mexicana que abarrotó el coso de Insurgentes. Más de 42 mil personas que reclamaron libertad y respeto a sus tradiciones.
Quién diría que las y los miles de aficionados que se dieron cita en la plaza, no sólo fueron a plantarle cara al lobby antitaurino, sino también al consorcio empresarial que por más de un lustro regenta los destinos de la Monumental: con todo y los precios elevados y el anunciar a una ganadería de poca casta para un cartel que no acabó de convencer; la afición registró un entradón.
El mensaje de fortaleza se da en medio del más obscuro de los panoramas posibles que pueda enfrentar el entramado taurino. Tan obscuro como una parte del campo bravo que sucumbe a los gustos de algunas figuras y que el pasado domingo se erigió en la triste figura de Don Fernando de la Mora. O quizás tan obscuro como el color de las túnicas de insensatos violentos, llamados antitaurinos, que con antelación pregonaron sus deseos de reventar nuestro pacífico recinto de libertad.
Los antis arremetieron contra adultos mayores, contra mujeres y niños; de paso contra la estructura de la plaza. Aun así, las y los aficionados le echaron valor a la tarde, y con una actitud muy contraria a las de Diego Silveti y Andrés Roca Rey, entendieron el momento histórico y el símbolo que representaba para la opinión pública su presencia en la plaza.
Una actitud tan bélica merece que todos los estamentos presenten las denuncias correspondientes ante las instancias competentes y que con ello se castiguen a los responsables de tan violentas actitudes, y a su vez, que la mesa de genios comunicativos que trabajan para la empresa, exhiban sin piedad a este grupo de inadaptados que fomentan el odio y la barbarie contra una actividad culta, lícita y tradicional.
Entre lo emotivo del paseíllo, la épica de quienes aguantaron el embate de la violencia y lo manso que fue el encierro que se lidió, a la primera figura del toreo mundial le dio por no ser indiferente y dar también de qué hablar. Andrés Roca Rey tiró por la calle de enmedio con el último de la función, al cual se le veían cosas buenas de salida. Tres series de muletazos en los que el Inca no se acomodó con las embestidas de Mar de Nubes y a por la espada. Se puso muy pesado Roca con los aceros y al final escuchó los tres avisos. Si Andrés se toma esto con filosofía, puede enmendar el camino de cara a su temporada europea.

