Nopalitos
JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL
Corría la década de los noventa, cuando comencé a tener conciencia de lo que sucedía a mi alrededor, sobre todo de los servicios que comenzaban a multiplicarse y que llegaba hasta la puerta de la casa de mis padres.
Uno de ellos y que poco a poco ha desaparecido es el de los nopales. Me refiero a los señores, en su mayoría, que en botes de cuatro hojas, atados con cadenas de eslabones gruesos a un pedazo de madera y éste cargado sobre la espalda del vendedor, ofrecía el manjar mexicano.
Esta es otra de las tradiciones que en el Zacatecas del siglo pasado se vivían en las colonias y espacios habitacionales y de las que se quiero retomar para rememorar la historia de nuestro terruño en años recientes.
Así, al grito largo y sonoro de “nopalitooooooos”, recorrían las calles pavimentadas, adoquinadas o simplemente de tierra, llevando su carga hasta la puerta de aquellas personas que salían a pedir cierta cantidad.
La compra venta se realizaba, recuerdo, cuando se preguntaba a cuánto la bolsita, entonces la respuesta variaba, pues según el tipo de nopalito era el costo, por ejemplo, los duraznillos eran más caros y aún más si se entregaban picados y limpios.
Proseguían con el regateo en cuanto a la cantidad a pagar y las bolsas que se entregaban. Al respecto, siempre he pensado dos cosas sobre este asunto, la primera es que se trataba de obtener un beneficio a costa de la pérdida del otro, cualquiera que sean las partes, y la segunda, que en realidad el vendedor ya sabía que iba a haber ese regateo y obviamente encarecía el precio para al final vender al costo real. Como haya sido, a veces se lograba el descuento y en otras no.
Al final, se entregaban los nopalitos y estaban listos para cocinarse, eso sí, cada familia los prepara de manera diferente: mi mamá los hacía con carne de cerdo en salsa verde, o en salsa roja únicamente, con huevo o con el sabroso y famoso pico de gallo, es decir, jitomate, cebolla, cilantro, orégano (opcional) y chile serrano a veces acompañado de tortillas y chicharrón (taco placero).
Regresando con el “señor de los nopalitos”, se retiraba gritando repetidamente su “nopalitooos” y se acercaba a otras casas en donde era requerido. Quiero precisar que no pasaba todos los días, sino solamente dos o tres veces por semana, lo suficiente para tener clientes cautivos; no dudo que los otros días tenía rutas distintas y sucedía algo similar.
Finalmente, supe hace algún tiempo que se trasladaban desde el municipio de Trancoso, otros más de Ojocaliente o Genaro Codina y algunos desde San Luis Potosí, pero lo cierto es que son totalmente tradicionales de la región. Actualmente se consiguen en tiendas departamentales, en los mercados fijos y ambulantes, y ya en muy poca medida con los nopaleros.
Pero si usted aún los puede conseguir de esa manera aproveche, pues es mucho mejor el apoyo a estas personas emprendedoras y para mantener esta tradición zacatecana. No olvide proponer alguna.

