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Camotes cocidos
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Camotes cocidos

JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL

 

En la segunda mitad del siglo XX y posiblemente toda esa centuria, se vendían en las calles del país alimentos que se preparaban de manera artesanal y aunque no había mucha tecnología para su realización, las adecuaciones eran suficientes para llevar el producto hasta las puertas de los hogares.

 

Para esta tradición me voy a referir a una raíz comestible que especialmente se consume en la temporada y por la celebración del Día de Muertos. Me refiero a los camotes.

 

Esta raíz pertenece a la familia de comestibles como las papas, las jícamas o las zanahorias, pues su crecimiento se da por debajo de la tierra, que cuando se extrae y se limpia puede cocinarse o comerse crudo.

 

La intención aquí no es brindar cuestiones técnicas en cuanto a la familia de raíces a la que pertenece o la manera de producirse, pero sí dejar claro que es nativa de centro y Sudamérica, aunque en la actualidad en diversos países de Asia y África también se cultiva.

 

Así, en la segunda mitad del siglo XX existían unos carritos elaborados con láminas y metales, los cuales específicamente eran anafres en los que, en la parte inferior se colocaba el carbón para prenderlo y por medio del calor calentara un recipiente que contenía los camotes.

 

Una vez encendido el carbón, los camotes se cocinaban y adquirían su característico sabor y color, obviamente se les añadía piloncillo para generar el espejo dulce que los acompaña. Además de que había algunas veces que se agregaba calabaza. Finalmente, se cubría el recipiente para evitar la pérdida de calor y también proteger del polvo.

 

A partir de que se realizaba la cocción, los señores comenzaban la travesía empujando el carrito, en muchas veces con dificultad, pues el peso de los camotes, más el carbón en combustión y el mismo peso de la cocina ambulante dificultaban el tránsito.

 

Aun así, avanzaban lentamente y al paso lento de las llantitas se emitía el característico sonido que anunciaba la llegada del camotero. Una especie de chimenea lanzaba un largo, sonoro y agudo silbido que acompañado de una pequeña fumarola del humo del carbón esparcía el olor de la preparación de los camotes.

 

No era necesario gritar ni hacer ninguna otra seña, pues el sonido de la chimenea y el olor daba las indicaciones de que habían llegado los camotes.

 

Las señoras, los niños, las niñas y algunos papás salían y compraban; había quien llevaba su propio plato y ahí depositaban los camotes, pero con la llegada de lo desechable fue cambiando esa costumbre.

Indudablemente, a quienes vivimos esas tradiciones, que desde hace más de 10 años que no la veo en Zacatecas, nos queda el recuerdo de los sabores, de los olores y de la preparación, pues era singular y riquísima, pues en los años más recientes se le agregaba un toque de leche condensada.

En otros sitios de Zacatecas se gritaba “raíz, quiere la raíz”, pero la tradición era similar.