Agua de obispo
JESÚS DOMÍNGUEZ CARDIEL
A propósito de la cuaresma y de las tradiciones zacatecanas, esta vez hablaré sobre la denominada agua de obispo.
Si usted no la conoce o le llama de una manera distinta, aquí le dejo algunas explicaciones de cómo se hace y las costumbres que la han llevado a ser una de las tradiciones más ricas en cuanto a la gastronomía del tiempo de cuaresma.
Esta bebida preparada, tiene sus orígenes, o al menos de lo que de manera popular se menciona, en los seminarios novohispanos principalmente, en los que para incentivar a la población a reconocer los misterios cristianos le dieron un significado a cada uno de los componentes.
El agua está preparada por variedad de frutas picadas y betabel, pues las primeras representan la fertilidad de la tierra y ejemplifican, según la visión católica, los dolores de la virgen durante la vida de Jesucristo; lo segundo derivado del color rojo, claramente es representación de la sangre.
En sí, el simbolismo de esta agua y la temporada son elementos clave para vivir la cuaresma con tradiciones que caracterizan a los espacios y a la cultura mexicana, pues estoy casi seguro, que se realiza en muchas partes del país.
Ahora bien, las frutas más comunes con las que se prepara son: piña, sandía, papaya, melón y plátano, además del ya citado betabel, sin embargo, es importante mencionar el otro ingrediente que le complementa, me refiero a la lechuga.
Todo se pica por separado en fragmentos pequeños y sin semillas, se va agregando poco a poco a un recipiente y al final se coloca el agua y el betabel con la lechuga.
Se mezcla hasta lograr el característico color rojo y se vacía hielo para darle un toque más refrescante.
Como bebida, se acompaña de toda la tradicional comida de cuaresma, como el pipián, el pescado en sus distintas preparaciones, los camarones, los chiles rellenos, las lentejas y hasta la capirotada.
Sin duda es un manjar, ya que la combinación de sabores dulces y la frescura de la propia fruta, brindan un toque singular a otro tipo de agua de frutas, además es bastante nutritiva, pues todos los ingredientes son saludables y dejan en quien la toma, una sensación de saciedad.
Así, esta agua la he probado por la preparación de tres personas solamente, la primera fue mi abuela Carmen, que hacía un recipiente de más de 30 litros; la consumíamos el viernes Santo principalmente. La segunda fue con mi abuela María, quien disponía menor cantidad, pero casi todos los viernes de cuaresma.
Y la tercera, quien la sigue preparando, obviamente es mi madre Eugenia, quien también la ofrece el miércoles de ceniza, casi todos los viernes y el jueves Santo, pues ese día nos reunimos a comer y de ahí vamos a las actividades de la temporada.
Todas han sido muy sabrosas y ahora trataré de seguir con la tradición, pues no es sólo el simbolismo religioso, sino lo tradicional que es, además de lo nutritivo.
Si usted ya la comió y le gustó es excelente, y si no, le invito a prepararla y a degustarla, pues insisto, es un manjar.

