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En la mira

Evaluar el Modelo Académico UAZ Siglo XXI:
una responsabilidad social universitaria

La evaluación del Modelo Académico UAZ Siglo XXI es una actividad de profundas implicaciones académicas y sociales. Para el Área de Ciencias de la Salud de la UAZ, esta evaluación representa una oportunidad estratégica que no puede pasar inadvertida ni debe pasarse por alto.

Para una universidad pública como la UAZ, encargada de la formación de profesionales de la salud, la responsabilidad social se amplía necesariamente. No sólo se forman egresados: se forman criterios clínicos, decisiones diagnósticas, interpretaciones de resultados de laboratorio, investigaciones en ciencias básicas, clínicas y epidemiológicas, así como intervenciones comunitarias y políticas sanitarias que inciden directamente en la vida de las personas. 

Bajo esta premisa, sostener un modelo académico sin una revisión crítica y sistemática implica declinar el principio de responsabilidad social universitaria y la obligación ética de garantizar una formación pertinente, actualizada y socialmente comprometida.

El Modelo Académico UAZ Siglo XXI fue concebido en un contexto distinto al actual. Respondió a una época, a una visión pedagógica y a un marco normativo que hoy han cambiado sustancialmente. 

La Nueva Escuela Mexicana plantea exigencias claras: formación integral con enfoque humanista, perspectiva de derechos humanos, compromiso comunitario, inclusión y pertinencia social. Estas no son orientaciones opcionales; son mandatos que interpelan directamente la manera en que enseñamos, evaluamos y formamos en las ciencias de la salud.

Evaluar el modelo académico implica reconocer que la universidad es dinámica y que el modelo original presenta omisiones y distorsiones que se han normalizado con el tiempo. En la práctica, el enfoque centrado en el estudiante y la formación integral se han debilitado, mientras que la vinculación social suele relegarse a un plano secundario. A esto se suman las evaluaciones externas; los organismos acreditadores han sido claros al señalar áreas de oportunidad: falta de coherencia entre el modelo y los planes de estudio, debilidades en la evaluación del aprendizaje, escasa articulación entre docencia, investigación y servicio, y una vinculación limitada con las necesidades sociales reales.

Para el Área de Ciencias de la Salud, la evaluación del modelo académico no debe verse como una amenaza ni como una imposición externa, sino como una herramienta de fortalecimiento institucional. Evaluar permite ordenar, alinear y proyectar, y, con ello, construir consensos académicos, redefinir prioridades y recuperar el sentido formativo de nuestras prácticas. Sobre todo, permite que la comunidad universitaria participe activamente en la definición del rumbo académico.

Este proceso exige madurez política y compromiso académico. No se trata de señalar culpables ni de desmantelar lo construido, sino de asumir que la calidad educativa se sostiene en la mejora continua. Evaluar es un acto de honestidad institucional y de respeto hacia nuestros estudiantes, egresados y la sociedad que confía en la universidad pública.

Concientizar sobre la importancia de esta evaluación implica entender que el modelo académico no es un documento abstracto: es la base que orienta cómo formamos profesionales de la salud hoy y qué impacto tendrán mañana. En un contexto de profundas transformaciones, evaluar es una obligación ética, académica y política. Al tiempo.