
TEXTO Y FOTO: LNZ
LA NOTA ZACATECAS
ZACATECAS, ZAC.- En un ambiente de profunda consternación e impotencia, los municipios de Sombrerete y Cañitas de Felipe Pescador se unieron para despedir a los ingenieros Ignacio Aurelio Salazar Flores y José Ángel Hernández Vélez. Las exequias, realizadas en los templos de Santo Domingo y Nuestra Señora de San Juan respectivamente, se convirtieron en un clamor de justicia ante la tragedia que arrebató la vida de ambos jóvenes.
En ambos municipios el tiempo pareció detenerse. Los recintos religiosos resultaron insuficientes para albergar a cientos de habitantes que, entre llanto e incredulidad, manifestaron su solidaridad con las familias. El sentimiento generalizado fue de una herida abierta y el deseo firme de que estos crímenes no queden impunes.
El último camino de Ignacio Aurelio
El eco de un mariachi anunció la llegada del féretro de Ignacio Aurelio al templo de Santo Domingo. El geólogo entró cobijado por el respeto de sus seres queridos, quienes portaban su fotografía como estandarte de un amor inquebrantable.
Durante la ceremonia, la familia solicitó privacidad para honrar la memoria de quien fuera un dedicado esposo, padre y amigo. Sus allegados recalcaron la injusticia de su partida: «salió a trabajar y le quitaron la vida». Tras el rito fúnebre, sus hermanos y colegas cargaron el ataúd en hombros, acompañando su camino hacia la última morada al ritmo de un tamborazo tradicional.
Cañitas se vuelca en memoria de José Ángel
En Cañitas, el doblar de las campanas se fundió con el paso del cortejo de José Ángel. Al cruzar frente a su antigua escuela, docentes y alumnos formaron una valla de honor y realizaron un emotivo pase de lista en su memoria, recordando la alegría que siempre compartió en esas aulas.
Durante la homilía, el sacerdote instó a los dolientes a refugiarse en la esperanza ante la incertidumbre del destino. Pidió también por la paz en México y el fortalecimiento de sus instituciones. Al finalizar, el cuerpo fue escoltado al cementerio por la Banda de Guerra del Cobaez y una multitud que colmó las calles.
Reconoció que es difícil creer en un momento como este y les dijo a los dolientes que la esperanza es un motor que los mueve a resolver estas situaciones y a confiar en las promesas de Dios.
Le pidió a Dios que bendiga México y a sus instituciones, así como a los mexicanos, para que los corazones sean similares a los de Jesucristo.
Tras el rito de despedida, el cuerpo de José Ángel fue llevado al cementerio, acompañado por la Banda de Guerra del Cobaez, sus familiares, amigos y cientos de habitantes de su amado pueblo.
Su padre, José Ángel Hernández, se mostró estoico, aunque sus seres queridos se aferraron el féretro como una esperanza de que se quedara, de que no se fuera, mientras escuchaban un tema que fue compuesto para él, en el que pedían basta al crimen y lo recordaron como el hijo de Cañitas, a quien todos esperaron y de pie buscaron, se le recordó como un ingeniero trabajador.
Don José Ángel, con el corazón en la mano agradeció a los presentes por su asistencia y que pudo ir a rescatar a su hijo de aquellas lejanas tierras, traerlo y darle sepultura donde está su madre, su hermano, sus abuelos y tíos “no vas a estar solo hijo mío”.
“Su esposa está devastada” reconoció, y recordó que buscaron juntos a junior y pudieron darle cristiana sepultura.
A manera de despedida, pidió “que mi hijo mayor les sirva de ejemplo porque como él decía: ‘vence tus miedos y alcanzarás tus sueños’ gracias a los que vinieron de fuera, de corazón muchas gracias, gracias a la familia que dios me dio”, finalizó.




