Luna Nueva
Solsticio de Verano, “la brújula” de los agricultores primitivos

A las 2:24 de la madrugada del pasado domingo inició oficialmente el verano, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), con lo que se marca el parteaguas del ciclo agrícola desde tiempos inmemoriales.
Este fenómeno pasaría un tanto desapercibido -no es tan afamado como el Equinoccio de Primavera, al menos no como inicio de una estación del año-, si no fuera por el bendito sincretismo que oculta viejas tradiciones y ritos paganos ancestrales: ahora se celebra como el Día de San Juan, una festividad cristiana que rememora el nacimiento de San Juan Bautista.
El sincretismo aplica no en el día, sino antes del amanecer del mero Día de San Juan, como la Noche de San Juan. La noche más mágica del año.
Lo supe hace años, cuando una sabia mujer me regaló parte de su conocimiento impartido de boca a oído en un círculo de amigos. Ella no llevaba libros bajo el brazo ni tenía una computadora en la que consultara su cátedra, no tenía un estricto programa pedagógico-educativo ni nos dio diplomas; con ella se aprendía poniendo atención a su plática apacible, serena y llena de “una magia” que cautivaba a quienes la escuchamos tantas tardes.
Lo que aprendí con ella luego lo enriquecí leyendo aquí y ahí… no porque dudara de lo que nos contaba como historias, sino porque mi mente “cuadrada” me demandaba ir más allá y tener “una base científica” o “histórica” que, a mi corto conocimiento, justificara o cerrara el círculo del conocimiento.
Lo que descubrí me maravilló y desde entonces guardo un profundo respeto por todas las tradiciones, creencias, credos, religiones y sabiduría ancestral.
De manera breve y resumida comparto parte de ese conocimiento, porque no todo es política ni estadísticas.
El Solsticio de Verano, desde los orígenes de los primeros asentamientos de agricultores, se ha celebrado de distintas maneras en ritos y ceremonias en diversas culturas alrededor del mundo.
Según textos medievales, este fenómeno señala el punto de partida para organizar las siembras y cosechas del año y por ende la vida social y política de las primeras comunidades que pasaron de ser nómadas a sedentarias.
Por medio de la observación, los primeros agricultores descubrieron que este periodo del año es el propicio para la siembra de los productos de ciclo corto y se prepara la cosecha de primavera.
Descubrieron también que era propicio disminuir la siembra antes del Invierno, en que el frío cubre la tierra en el hemisferio norte.
Al estar el Sol en su máxima altitud, durante el Solsticio de Verano se presenta el día más largo del año y la noche más corta y a partir de este fenómeno, los días se van acortando, es decir, hay menos luz solar durante el día.
Los ritos con que los campesinos primitivos honraron al Sol, la Tierra y las cosechas, ha sobrevivido a través de la historia por medio del sincretismo.
El hecho de que coincida el Día de San Juan con el Solsticio de Verano no es casualidad; de esta manera se ocultó la celebración pagana de diversas creencias con el festejo de una figura cristiana: el nacimiento de San Juan Bautista, para evitar la persecución y evadir, en muchos casos, una funesta muerte.
Textos antiguos señalan que antes de llamarla fiesta de San Juan, agricultores y ganaderos primitivos encendían hogueras para dar fuerza al sol que languidecía -por ello los días eran más cortos- y pasaban por el humo de las hogueras a sus animales para protegerlos y asegurar que “abundaran”, es decir, que se reprodujeran.
También creían que este día, los cultivos que recibían este humo no serían afectados por plagas ni por ni fenómenos naturales ni por ninguna calamidad; de igual forma tenían la certeza de que las plantas potenciaban sus poderes curativos, sólo por este día.
En este contexto las llamadas «brujas» también celebran el Solsticio de Verano, que calza con la Noche de San Juan, encendiendo hogueras para quemar lo indeseable y, con el fuego, limpiar y renovar la energía.
Algunas de las culturas que festejaban el Solsticio de Verano, aunque no con ese nombre fuerona los celtas, con las fiestas en honor a Belenus, dios del Sol y del Fuego; los griegos y romanos lo hacían en honor a sus dioses, Apolo -dios del Sol, la luz, la música y la profecía) en Roma y Helios en Grecia.
En África el ritual se llevaba a cabo con la fiesta tradicional de La Ansara, vinculada a rituales agrícolas, para agradecer las cosechas y asegurar la fertilidad.
En la tradición Wicca, la celebración del Solsticio de Verano se conoce como Litha -uno de sus ocho sabbats- y representa el día más largo del año, en el que el Sol registra su mayor fuerza por lo que celebran la abundancia, la fertilidad, el crecimiento y el triunfo de la luz sobre la oscuridad.
Todas las festividades y ritos tienen en común la fecha, el fuego purificador y el simbolismo de fertilidad, abundancia y purificación.
Por ello la noche del 23 al 24 de junio, para amanecer el mero Día de San Juan, se encienden hogueras para desterrar la calamidad y purificar la prosperidad.
