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México eliminado del mundial y desentendido del toreo
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México eliminado del mundial y desentendido del toreo

Carlos Saucedo Medrano 

curromedrano05@gmail.com

 

El restaurante cuelga los pendones de las banderas del mundo: las regalías hoy provienen de lo que puedan hacer 11 connacionales en un césped verde. Mi rutina encuentra desfogue en 90 minutos; un espíritu futbolístico nos vuelve homogéneos por instantes. Esa unidad, motivada por el objetivo común de querer ganar nos hace explotar, mentar madres, hacer furiosas rabietas. El lamento sobreviene después del éxito no obtenido y la identidad mexicana regresa al baúl de la ropa invernal, ese en el que los bonetes y bufandas ya habían dejado espacio. 

 

Ese instante de unificación se pierde. Regresamos a la descomposición social, a la tautología de la narrativa oficial que pregona un “todo bajo control” y al nulo reclamo colectivo por lo que en verdad importa. Un país muy contradictorio. 

 

A kilómetros del fervor futbolístico, una plaza de toros que reúne gran parte de la historia del toreo nacional, se mantenía cerrada y urgida de la acción de quienes mueven los hilos del negocio en la capital de la República Mexicana. Pero pareciera que no pasa nada. 

 

No pasa nada y lejos estamos de subirnos a una favorable tónica de recuperación y defensa de la tauromaquia. Esta se vive en España que presentó un incremento del 11% en la celebración de festejos taurinos en 2022 con respecto al año 2019. Vemos un férreo blindaje taurino en Colombia, ahí donde la afición y los profesionales no se han dejado del nuevo régimen gubernamental. Mismo caso del sector en Francia, ese que salió a las calles a protestar una intentona de prohibición que se intentó fraguar desde su Asamblea Nacional… y en México no pasa nada. 

 

Lo que vemos en materia taurina va al contrario: reducción de festejos en las plazas, presentación lamentable de los encierros y algo preocupante: las figuras ultramarinas de España ya no llevan la gente que en otros tiempos asistían al reclamo de su nombre. La situación es muy difícil. 

 

Lejos de sentir un reclamo generalizado, unas ganas de alzar la voz y coger el toro por los cuernos o de salir a las calles a defender lo nuestro; lo que impera es una abulia total. Indiferencia brutal para este problema que hoy nos explota en las manos y ante el cual no sabemos cómo proceder. Quizá a la afición taurina en México le preceda el patrón común de la pasividad, del “todo está bajo control”, o del “no pasa nada”. 

 

Es triste como aficionado joven ver este contexto sombrío, porque al final los más perjudicados somos nosotros como nueva generación. Nuestros abuelos ya vieron a sus figuras con sus llenos de bandera y aquellos toros que embestían. Vaya, ya gozaron con el toreo que les tocó vivir. Lo nuestro tendrá que ser la defensa desde todos los medios posibles. 

 

Pero, ¿cuándo iniciará?