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Luna Nueva

A propósito del Día del Trabajo 

En una de esas conversaciones entre amigos, muy relajada y sin ánimo ni de politizar ni analizar la situación desde ningún punto de vista el tema, fue más que evidente que priva un patrón laboral, si no en todo el país, al menos sí en Zacatecas.

De 15 que estábamos reunidos, celebrando el cumpleaños de uno de nosotros, sólo dos tenían un empleo formal, con salario competitivo, prestaciones y posibilidades de crecimiento; cuatro tenían empleo formal, con seguridad social, pero con salario mínimo y sin posibilidad de crecimiento.

Del resto: uno hacía chambitas esporádicas sin ningún tipo de seguridad social y el resto eran empleados eventuales o estaban contratados “a la palabra”, es decir sin la firma de ningún compromiso, con salarios que un día podía ser relativamente bueno y al siguiente el mínimo o menos.

Un caso en particular me llamó la atención, el de dos viejas amigas que trabajaban prácticamente sin salario, pues sus pagos son erráticos, pero tenían seguro social.

Ante la ola de cuestionamientos, críticas y hasta “carrilla” de los demás, ambas -como si estuvieran de acuerdo- intentaron justificar su situación casi con los mismos argumentos:

“Es lo que hay”, “como sea, el seguro es muy necesario”,  “a mi edad ya no me dan trabajo tan fácilmente aunque me sobre experiencia”, “es mejor algo a no tener nada”, “ahí aguanto hasta que encuentre algo mejor”, pero ya llevan tres o cuatro años esperando…

Es realmente lamentable que gente con tanta experiencia, talento y disponibilidad se tenga que conformar con “lo que hay”, porque en realidad no hay más.

Los que no tienen empleo formal “estiran” como liga todo lo que pueden sus ingresos; el muy osado gasta con la certeza de que pronto volverá tener dinero, pero en general todos cuidan sus finanzas y para “ajustar” algunos venden lo que pueden o ya tienen un pequeño negocio que atienden paralelo a su “empleo”.

De acuerdo con el Inegi, más de la mitad de la población -el 54.8%- que trabaja o tiene un empleo, no tiene prestaciones ni seguridad social y entonces me puse a pasar lista a conocidos, amigos y familiares y ¡es verdad! Hoy en día encontrar un trabajo que te ofrezca seguro social es casi imposible.

Razones hay muchas, algunas ciertamente mezquinas, pero otras muy comprensibles. Entre el cobro de piso, las extorsiones, la pesada carga hacendaria y los altos cobros por la seguridad social y prestaciones, los pequeños y medianos empresarios o emprendedores ven “evaporar” su capital y acaban por cerrar o bien trabajar por “abajo del agua”, generando una especie de mercado negro laboral, haciendo contrataciones al margen de la ley.

Antes que las pequeñas y medianas empresas quedan las grandes; sin embargo, en algunas, a pesar de que se pensara que tienen el poder económico de mantener buenas condiciones laborales, ya no es novedad que están recurriendo al outsourcing  -contratación a terceros-, para salvar algunos impuestos, en detrimento del trabajador.

A pesar del deprimente recuento, la desocupación se mantuvo baja, en 2.4% de la Población Económicamente Activa (PEA); de acuerdo con datos de Inegi, el primer trimestre de 2026 cerró con un panorama complejo, pero los nuevos empleos fueron mayoritariamente informales.

Las cifras no mienten, aunque los gobernantes presuman excelsos logros en generación de empleo, lo que no dicen es que esos empleos son de salario mínimo, que la rotación es alta y que se hace necesario tener un segundo ingreso para vivir con decoro, lejos de la opulencia. ¡Más de la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA) trabaja en la informalidad!

La generación de empleos dignos, con salarios suficientes y con las prestaciones de ley que fueron conquistadas a lo largo de décadas, es ahora una asignatura pendiente del Estado mexicano y no porque el gobierno deba emplearnos a todos, no se malentienda, sino porque no facilita las condiciones para que los patrones generen riqueza de tal manera que no evadan ni sus obligaciones tributarias ni las que tienen con los trabajadores. 

Porque al final de cuentas,  los trabajadores, quienes están hasta abajo de la pirámide son los que pagan los platos rotos (por donde quiera que se vea).

Para la reflexión: este 1 de mayo no es un día festivo, es un recordatorio de que para tener empleo con jornadas que nos permitan convivir con los nuestros y descansar lo suficiente y no las jornadas extenuantes de hasta 16 o 18 horas, tuvieron que dar la vida los Mártires de Chicago en 1886.

El empleador debe entender que cumplir con la ley no es un favor; el empleado debe asumir su compromiso y el Estado debe facilitar las condiciones para que este engrane funcione a la perfección, finalmente eso nos beneficia a todos.

Aun con todo este desventajoso panorama, la única forma honesta y digna de ganarse el sustento es trabajando. 

Es muy lamentable que tras 140 años de aquel 1 de mayo, hoy día todavía haya quien trabaje por comida, por atención médica y en el mejor de los casos por un miserable salario.