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Devoción y negocio
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Devoción y negocio

 

 

Como cada año, en los días previos al 2 de febrero, Día de la Candelaria, y que por tradición las familias proceden a levantar al Niño Dios, en diversos puntos de las ciudades se colocan puestos que venden los productos necesarios para el ritual antes dicho.

En la zona conurbada de Zacatecas y Guadalupe, regularmente sucede en dos sitios.

En Zacatecas en las plazuelas del Vivac y en la de Zamora prevalecen las ventas de “vestiditos”, velas y hasta otro tipo de figuras alusivas al nacimiento o “Belén” como también se le llama en otras latitudes; mientras que en Guadalupe sucede lo mismo en la alameda, específicamente atrás de la iglesia de los Sagrados Corazones.

Durante mucho tiempo me he preguntado qué tanto se lucra con la devoción y se convierte en negocio. Por supuesto, es una pregunta que genera tensión, pues hay quien afirma que es fervor y no ven el gasto que se realiza, aunque por otro lado hay quien sostiene que son gastos innecesarios. Pero antes de intentar responder la interrogante coloco algunas apreciaciones contextuales.

Primero, no es un vestidito el que se le coloca a la efigie del Niño, sino una túnica que representa varias cosas, entre las que más destacan son: la vestimenta más usada en el medio oriente en el siglo I, aunque también la divinidad de Jesús.

Algunas personas buscan que se siga una tradición e indican que así ha sido siempre, pero no es así, pues este tipo de prácticas rituales y que posteriormente se han convertido en tradiciones, data del siglo XVII, es decir no tienen más de 300 años.

Aun así, actualmente son costumbres que, dejando de lado el dogma, reúnen y cohesionan a la familia.

Volviendo a la pregunta, los puestos tienen diversos tipos de vestimenta, algunos son sencillos y por consiguiente, baratos; los hay también de lujo y el precio aumenta.

Asimismo depende del tamaño necesitado, por ejemplo: los más pequeños tienen menor costo y los más grandes al contrario.

Otro punto a destacar está enfocado en la representación que se elija, va desde santos modernos o antiguos, papas, advocaciones cristológicas y lo más insólito, de equipos de futbol, oficios y profesiones y hasta trajes folclóricos; los más puristas indican que sólo debe ser de advocaciones, no obstante, la decisión está en los “padrinos”.

Sé que no estoy descubriendo el hilo negro y responder la pregunta de si es negocio o devoción radicará en cada persona, pues las personas que venden necesitan de ese ingreso para subsistir y al ser comerciantes se adaptan a lo que la sociedad solicite. En cambio quienes compran identifican que con eso cumplen con una parte de su fe.

Criticable o no, pero es una situación cultural que enraizada en la religión dota de interacción social pues no sólo es la parte de la vestimenta, sino también la comida que se ofrece como reliquia por parte de los caseros.

En fin, la decisión, como ya dije, es particular y dependerá de la manera en la que se quiera tomar.