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En la mira

El camino desigual: los retos
para acceder a la educación superior

En Zacatecas, como en muchas regiones del país, el tránsito del bachillerato a la educación superior parece un salto natural en la vida académica de los jóvenes. Sin embargo, esa transición está lejos de ser homogénea. Los estudiantes provienen de subsistemas distintos —CBTIS, CECyTEZ, preparatorias estatales, telebachilleratos, preparatorias privadas, universitarias, comunitarias y técnicas— y esas diferencias marcan desde el inicio las oportunidades que tendrán para ingresar a una universidad pública como la UAZ.

La desigualdad en la calidad educativa entre los subsistemas de bachillerato provoca que algunos jóvenes lleguen mejor preparados que otros. Mientras ciertos planteles cuentan con infraestructura y docentes especializados, otros enfrentan carencias que generan una formación académica débil. Esto coloca en desventaja a quienes aspiran a carreras exigentes, convirtiendo la brecha formativa en una barrera determinante para su acceso y desempeño académico.

La falta de orientación vocacional adecuada provoca que muchos jóvenes elijan carrera con información limitada, lo que incrementa los riesgos de deserción y frustración. A ello se suma que las condiciones socioeconómicas, especialmente en zonas rurales y marginadas, dificultan el acceso y la permanencia en la universidad debido a los costos de transporte, alimentación y materiales, lo que provoca que algunos estudiantes abandonen o opten por alternativas menos costosas.

La brecha digital provoca que algunos estudiantes cuenten con tecnología y conectividad adecuadas, mientras que otros carecen de ellas, lo que afecta su preparación, su acceso a recursos y su participación en clases híbridas. Esta desigualdad limita sus posibilidades de ingreso y de desempeño en una universidad que exige competencias digitales cada vez mayores. 

Otro reto, quizá menos evidente, es la información desigual sobre procesos de admisión. Hay subsistemas donde los estudiantes conocen fechas, requisitos, perfiles de ingreso y estrategias para preparar exámenes; en otros, la información llega tarde o no llega. Para muchos jóvenes, enfrentar un examen de selección sin guía previa es como entrar en un terreno desconocido.

A esto se suma un problema estructural: la insuficiencia de espacios en las universidades públicas. La demanda crece más rápido que la oferta. Aunque la UAZ y otras universidades han ampliado su matrícula, los espacios no alcanzan para todos, especialmente en áreas de alta demanda como salud, ingeniería o derecho. Esto obliga a miles de jóvenes a competir por cupos limitados, donde quienes provienen de bachilleratos con mejor formación tienen mayor ventaja.

Finalmente, existe un reto cultural: la falta de referentes profesionales en muchos entornos familiares. Cuando en casa nadie ha ido a la universidad, imaginarse ahí es un acto de fe. La aspiración se debilita porque no existe un modelo cercano que la sostenga.

Lograr un acceso equitativo a la educación superior exige fortalecer el bachillerato, mejorar la orientación vocacional, reducir la brecha digital y ampliar la oferta educativa. Para que la universidad sea verdaderamente pública, debe ser accesible para todos, no sólo para quienes parten de mejores condiciones.

El futuro de Zacatecas —y del país— depende de que ese salto del bachillerato a la universidad sea menos desigual y más justo. Al tiempo.