Selene Ramírez Briones
Se ha llegado la fecha, la tan temida fecha en la que saldremos a las calles a pedir la garantía de nuestros derechos, algo que ya debería de estar dado, pero que tenemos la necesidad de seguir exigiendo, por la seguridad, salud, educación, cuestiones básicas como personas y ciudadanas. Es una fecha esperada por muchas mujeres, pues nos entusiasma el sentir que no estamos solas en esta lucha, ver y compartir con otras mujeres el deseo de que nuestros gobiernos y nuestros entornos personales sean más seguros y sin discriminación por ser mujer nos une y nos hermana.
También es una fecha temida para muchos, pues como ya se hizo costumbre, son muchas las personas preocupadas por los monumentos y por los vidrios rotos, no comparten “las formas” en las que las manifestaciones expresan el descontento, es entendible, porque hasta tiempos recientes no era común ver la furia de las mujeres, la necesidad de hacerse escuchar en un mundo dominado por hombres que invisibilizan y menosprecian los sus reclamos.
En un México como el de hoy en día, donde la violencia se desborda en todas las trincheras, vemos fusilamientos, violencia hacia el periodismo, batallas campales en estadios, asesinatos de mujeres y hombres, niñas y niños, deja mucho que desear que la estructura de la fuerza pública se manifieste de forma más agresiva y contundente contra mujeres que salen a las calles clamando justicia e igualdad, que cuando se reúne a más de 20 mil asistentes en un estadio con pasiones y aficiones contrarias.
Vemos muros, vallas y toda la fuerza pública tratando de contener a miles de mujeres armadas de consignas, hartas de ser menospreciadas y discriminadas, de no sentirse representadas. Claro que habrá destrozos, los cuales tienen un propósito más allá del de la pasión por una camiseta de futbol, tienen un reclamo sentido y real de agresiones contra mujeres de forma sistémica, de impunidad, de injusticia y desigualdad, es un grito desesperado de atención a una problemática que se sataniza y se politiza sin reconocer que es uno de los cánceres más dañinos en nuestra sociedad, la misoginia y el machismo que aún es dominante; jamás será lo mismo, pues un acto vandálico no es más que sacar lo peor de la naturaleza humana a la menor provocación, como los hechos ocurridos en Querétaro este fin de semana, sin un propósito real y que son dañinos contra los mismos hombres y contra la sociedad en general.
Ese es el machismo contra el que saldremos a manifestarnos, es de la incompetencia en las instituciones, el que hace persistente la impunidad, el que busca alguna provocación para agredir o matar, el que fusila, el que secuestra y el que nos hace descomponernos hasta la entraña como país, las feministas no somos las enemigas, organizándonos seremos parte de la solución, revolucionando este mundo, hasta que la dignidad se haga costumbre, hasta que no tengamos que salir a gritar: ¡Vivas nos queremos!

